En medio de todo el departamento del Atlántico, decenas de emisoras comunitarias buscan la manera de mantener abiertos sus micrófonos para amplificar las voces de barrios, corregimientos y municipios. Aunque muchas veces pasan desapercibidas en las agendas mediáticas nacionales, estas emisoras juegan un papel clave en la cotidianidad de una gran cantidad de personas que no solo buscan entretenimiento en estos medios, sino también encontrar una forma de participar, crear identidad y mantener viva la memoria de sus comunidades.
Según un análisis de la base de datos del Ministerio TIC sobre emisoras activas en Colombia, el departamento del Atlántico cuenta con 58 emisoras distribuidas en al menos 18 municipios.


A su vez, dentro de las 19 emisoras comunitarias que existen en el departamento, 4 de estas se concentran solamente en Barranquilla (2 en el suroccidente, 1 en el norte y 1 en el centro de la ciudad), mientras que en otros municipios como Soledad, Malambo y Puerto Colombia operan 2 por cada uno. Estas emisoras no pertenecen a grandes conglomerados ni responden a intereses comerciales, ya que sus licencias se encuentran a nombre de determinadas organizaciones sociales sin ánimo de lucro. Esto es lo que les permite operar con un enfoque más comunitario y territorial.
Este tipo de presencia radial garantiza el acceso a la información en comunidades donde otros medios no llegan o simplemente no representan los intereses de ciertos sectores.
Un aspecto para destacar de las emisoras comunitarias y su importancia y rol social vendría siendo su cercanía con los sectores a los que brindan su servicio. Esta cercanía radica en el hecho de que busca proteger lo local, al darle una plataforma a miembros de la comunidad y visibilizar sus necesidades. Esto se vuelve especialmente importante cuando se habla de las localidades rurales del país, en donde, según el documento de proyectos tipo del gobierno nacional, solo el 32% de la población tiene acceso a tecnologías de información y comunicación (TIC) y donde el 44% de los hogares no poseen acceso a internet.
Estos factores hacen el acceso a la información un proceso complicado para aquellos que viven en áreas rurales y, por ende, el papel de las radios comunitarias sería fundamental para ayudar en procesos informativos, educativos y culturales, debido a su gran nivel de accesibilidad e interés por velar por las necesidades de la comunidad.
De hecho, el informe “Diagnóstico de radios comunitarias” de la Universidad Autónoma del Caribe señala que más del 90% de estas emisoras cumplen roles clave como el fortalecimiento de la identidad cultural, la promoción de la participación ciudadana y el apoyo a procesos sociales. Entre los aspectos más destacados del diagnóstico se menciona que estas emisoras generan contenidos en lenguas locales dependiendo de los sectores, visibilizan tradiciones culturales y sirven como canales de comunicación directa entre líderes comunitarios y la ciudadanía.
Además, se resalta que al menos un 87% de las emisoras entrevistadas incluyen en su programación contenidos sobre derechos humanos, medioambiente y salud pública, lo que refuerza su papel como plataformas de formación y transformación social.
Este rol social se ve evidenciado por medio de sus acciones sociales, que llevan a una mejora notoria en las distintas localidades del país. Según un diagnóstico elaborado por el Ministerio de Telecomunicaciones, un 49% de las emisoras comunitarias reciben y transmiten campañas sociales, lo que constituye un importante apoyo a la ejecución de los programas del Estado y al desarrollo local.
Así se demuestra cómo estas emisoras contribuyen a cumplir con las necesidades de los habitantes, dando resultados que evidencian su compromiso con las causas sociales.
En gran parte de los casos, estas emisoras también funcionan como una puerta de acceso para el ejercicio de participación ciudadana, permitiendo así que una gran cantidad de sectores marginados también cuenten con capacidades de transformación y desarrollo. Esto a su vez les permite convertir determinados sectores históricamente marginados en escenarios clave donde pueden expresar sus voces y fomentar cada vez más procesos de transformación y desarrollo desde la cotidianidad.
Esta vocación participativa se traduce en iniciativas concretas que contribuyen al empoderamiento social a través de la formación y el fortalecimiento de liderazgos comunitarios. El diagnóstico ya mencionado lo ha demostrado señalando que más del 60% de las radios comunitarias en el Atlántico ofrecen talleres y capacitaciones de liderazgo y gestión comunitaria, al igual que mecanismos de participación dirigidos específicamente para las mujeres dentro de la producción radial.
Teniendo en cuenta la gran cantidad de oportunidades que ofrecen las emisoras comunitarias en sectores marginados por la falta de acceso al internet y a la información, es importante resaltar su labor de formación y movilización de la palabra.
Caracterizar a las emisoras comunitarias del Atlántico no se trata simplemente sobre cuantificar ni separar cierto tipo de información. Es comprender que detrás de cada una existe un proyecto colectivo y un gran esfuerzo por lograr brindar esa oportunidad de comunicación a ciertos sectores que por diferentes razones no pueden acceder como es debido.
La cotidianidad es el recurso y soporte más importante que tienen las emisoras comunitarias para mantener vivas las vivencias y tradiciones de estos sectores que también merecen ser escuchados sin importar cuán pequeños sean.