Usualmente cuando se piensa en alguien que trabaja en horarios nocturnos uno se suele imaginar a adultos que ya tienen que mantenerse a sí mismos o a su familia, por lo que por lo general se ignora a la gran cantidad de jóvenes que también laboran en esta franja horaria.
Yo fui uno de estos jóvenes que tenían que cumplir turnos por la noche, hace ya casi un año trabajé un par de meses en un call center bastante reconocido de la ciudad, mi turno empezaba a las 5 de la tarde y terminaba a las 3 de la mañana.
Éramos un grupo de unos 10, ninguno pasaba de 30 años, la mayoría de nosotros trabajaba para poder cumplir alguna meta a corto plazo, solo un par necesitaba el trabajo para mantenerse. El ambiente de trabajo era bastante tranquilo, todos se trataban con confianza a pesar de que se acababan de conocer, una actitud que la verdad considero necesaria para sobrellevar una jornada que transcurre en estas horas.
Los primeros días fueron los más pesados, recuerdo la batalla constante para no quedarme dormido durante el entrenamiento, solo me animaba el hecho de que la mayoría estábamos iguales, tratando de acostumbrarnos a tanto trasnocho. Y algo que no me esperaba es que con el tiempo me di cuenta de que el día me rendía más viviendo de esta manera, me sentía con más tiempo para hacer el resto de las cosas, aunque la verdad la mayoría del tiempo tenía sueño y también empeoró mi humor. La mayoría de mis compañeros estaban de acuerdo conmigo, pero aun así queríamos seguir en el turno nocturno, siempre hay que ocuparse de otras cosas durante el día, además que el pago era mejor.
Una vez acabado el entrenamiento y pasar a piso la carga laboral fue menos de lo que esperaba, aparentemente no había muchas llamadas a esas horas, aunque también era la época, según el supervisor en otros momentos del año las líneas estarían reventadas. La gran parte del turno me la pasaba hablando con mis compañeros, la mayoría de las conversaciones eran quejas de queríamos dormir o que nos pagaban muy poquito y que nos habían prometido más en la publicidad de Instagram donde aplicamos. Y a pesar de que con el tiempo nos acostumbramos más a los horarios la verdad es que la moral del grupo se mantenía bajando, casi todas las semanas alguien renunciaba lo que me hacía preguntarme si valía la pena seguir en el trabajo, porque, aunque lo que había que hacer no era muy difícil y sentía que tenía más tiempo para otras cosas, mis ánimos se mantenían muy bajos y llego a afectar mis relaciones con algunas personas.
Creo que hoy en día es innegable decir que los call centers son una de las fuentes de ingresos más importantes para los jóvenes de la ciudad, pero lo que también es innegable es el nivel de desgaste físico y mental al que se puede llegar trabajando en ellos, más cuando estas en horario nocturno. Por lo que es necesario preguntarse ¿Hasta qué punto es válido romantizar el esfuerzo cuando este compromete la salud y el bienestar? Claro, no se trata de negar la importancia del trabajo y como estas empresas ayudan a subsistir a muchas personas, pero como jóvenes debemos pensar en si darle prioridad a el dinero inmediato o quizás pensar en nuestra salud y planes a largo plazo.