Nuestro recorrido es la memoria viva de todo lo que ha dado forma a Lágrimas Amarillas. Aquí reunimos la línea de tiempo del proyecto, los momentos clave, las actividades que nos transformaron y los logros que marcaron nuestro crecimiento como equipo. Este espacio documenta cada paso: desde las primeras ideas y sesiones creativas, hasta la producción de nuestros contenidos transmedia, las entrevistas, los procesos de investigación y las experiencias que compartimos con la comunidad.

A través de imágenes, videos y registros de nuestro trabajo, esta sección permite ver cómo un proyecto nacido en las aulas se convirtió en una propuesta narrativa comprometida con la salud mental y la prevención del suicidio. Nuestro recorrido es un homenaje al proceso, a las manos y voces que lo hicieron posible, y a la evolución de una iniciativa que sigue creciendo con propósito y sensibilidad.

El 10 de septiembre de 2025 nos unimos a la conmemoración del Día Mundial de la Prevención del Suicidio con una jornada dedicada a la reflexión, la empatía y la visibilización de las heridas que no se ven. A través de fotografías, mensajes y espacios de participación, invitamos a la comunidad a detenerse un momento, respirar y reconocer la importancia de hablar sobre salud mental sin miedo ni estigmas. Esta galería recoge los instantes más significativos de ese día: miradas honestas, manos que acompañan, voces que deciden compartir su historia y gestos que recuerdan que ninguna vida es insignificante. Cada imagen es un recordatorio de que la prevención comienza con escuchar, acoger y estar presentes.

Lágrimas Amarillas es un proyecto transmedia creado por estudiantes de sexto semestre de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad del Norte, nacido del deseo profundo de transformar la conversación sobre la salud mental y la prevención del suicidio. Somos un equipo que combina dirección, narrativa, ilustración, producción audiovisual y análisis de audiencias para construir un universo seguro, sensible y responsable donde las historias encuentran un espacio para ser contadas sin miedo ni estigmas. Nuestro proyecto despliega sus relatos en múltiples plataformas —documentales, podcasts, reels, posts, cómics, flyers y espacios interactivos— que se conectan entre sí para formar una red viva de acompañamiento, información y participación. Creemos en el poder de las voces diversas, en la empatía como puente y en la capacidad de cada historia para generar reflexión y acción. Lágrimas Amarillas es, ante todo, una invitación colectiva a mirar la vida desde la comprensión, a escucharnos sin juicios y a sostenernos como comunidad para que nadie atraviese su dolor en soledad.

 

Nuestra misión es crear un ecosistema transmedia seguro, sensible y accesible que visibilice la realidad del suicidio y la salud mental sin estigmas. A través de historias personales, contenidos informativos, experiencias interactivas y narrativas multiplataforma, buscamos generar conciencia, promover conversaciones responsables y ofrecer recursos de apoyo confiables para quienes atraviesan momentos emocionales difíciles. Trabajamos desde la empatía, la ética y la responsabilidad narrativa para que cada pieza —desde un podcast hasta un flyer— aporte a la prevención, al acompañamiento y a la construcción colectiva de una comunidad que escucha, entiende y sostiene.

Nuestra visión es convertir a Lágrimas Amarillas en un referente transmedia de sensibilización y prevención del suicidio en Colombia y América Latina, reconocido por su capacidad de unir arte, periodismo y tecnología para impulsar cambios sociales reales. Aspiramos a consolidar una red de historias interconectadas que inspiren acción, fortalezcan el diálogo público sobre la salud mental y promuevan una cultura de apoyo mutuo y comprensión. Queremos que nuestro proyecto crezca más allá de las aulas, llegue a diversas comunidades y se convierta en un puente que, desde la narración y la participación, contribuya a salvar vidas y a transformar la manera en que vemos, hablamos y sentimos la salud emocional.

Él es Daniel, la mente creativa y el corazón detrás de Lágrimas Amarillas.

Como CEO y director del proyecto, Daniel lidera este espacio con una visión clara: transformar las historias de dolor en mensajes de esperanza y sanación. 🌻

Con su pasión por la comunicación, busca que cada pieza, cada historia y cada palabra conecte con quienes alguna vez sintieron que no podían más.
Porque hablar, compartir y crear también son formas de sanar. 💬

Ella es Ana, nuestra productora en Lágrimas Amarillas.

Con una sensibilidad única y una mente siempre abierta a nuevas ideas, Ana se encarga de dar vida a cada historia desde la planeación y la producción, asegurando que cada detalle comunique emoción, empatía y verdad. 🌻

Su trabajo refleja compromiso, creatividad y una profunda conexión con el mensaje que buscamos transmitir: hablar también es sanar. 💬

Ella es Valeria, productora en Lágrimas Amarillas.

Su energía, empatía y compromiso hacen que cada historia cobre vida con autenticidad y emoción. 🌻

Valeria aporta ese toque humano y sensible que conecta las voces, las ideas y las experiencias que dan forma a nuestro proyecto.
Gracias a su dedicación, cada detalle refleja lo que somos: un espacio para hablar, escuchar y sanar. 💬

Ella es Konny, nuestra Community Manager en Lágrimas Amarillas.

Es la voz que conecta nuestro mensaje con la comunidad, transformando cada publicación en un espacio de diálogo, empatía y reflexión. 🌻

Con creatividad y sensibilidad, Konny da vida a nuestras redes, manteniendo viva la esencia del proyecto: acompañar, inspirar y recordar que nadie está solo. 💬💛

Ella es Andrea, nuestra camarógrafa en Lágrimas Amarillas.

A través de su lente, transforma cada historia en una imagen llena de emoción, sensibilidad y propósito. 🌻

Andrea tiene la mirada precisa para capturar lo que a veces las palabras no logran decir: esos momentos reales que reflejan la fuerza, la vulnerabilidad y la esperanza detrás de cada testimonio. 💬

Ella es Carolina, nuestra sonidista en Lágrimas Amarillas.

Gracias a su talento y dedicación, cada palabra, cada silencio y cada emoción suenan con la fuerza y la claridad que merecen. 🌻

Carolina es quien se encarga de que las voces que cuentan sus historias sean escuchadas con respeto y sensibilidad, dándole vida a ese universo sonoro que nos conecta con lo más profundo: sentir para sanar. 🎧💬

Ella es Shadia, nuestra ilustradora en Lágrimas Amarillas.

Con cada trazo, Shadia logra transformar las emociones en arte, creando imágenes que hablan, sienten y acompañan. 🌻

Su creatividad da color a las historias que contamos, convirtiendo el dolor, la esperanza y la sanación en piezas visuales que tocan el corazón. 💛✨

Sé parte del cambio. Únete a una comunidad que cree firmemente en el poder de hablar, escuchar y acompañar. En Lágrimas Amarillas trabajamos para derribar el estigma que rodea la salud mental y abrir espacios seguros donde cada historia importa y cada voz cuenta.
Tu apoyo —ya sea compartiendo información, participando en actividades, aportando tu talento o simplemente escuchando— puede salvar una vida.
Aquí construimos esperanza, caminamos juntos y recordamos que nadie debería luchar solo. Súmate a este movimiento y ayúdanos a transformar lágrimas en fuerza, resiliencia y vida.

Heridas que no se ven es un espacio dedicado a las historias que viven en silencio: las que duelen por dentro, las que no dejan marcas visibles pero transforman profundamente la vida de quienes las cargan. Aquí, tres relatos se entrelazan para mostrar que el sufrimiento emocional no tiene un solo rostro ni un solo origen. Desde quienes han tocado el borde de la desesperación hasta quienes han convertido su dolor en camino, estas historias revelan la fuerza, la fragilidad y la humanidad que se esconde detrás de cada batalla interna. Este apartado no busca glorificar el sufrimiento, sino ofrecer un lugar seguro donde la vulnerabilidad se convierte en puente, la palabra en compañía y la experiencia en luz para quienes aún buscan la suya.

El documento es un reportaje de periodismo de datos que analiza los intentos de suicidio en Colombia durante el año 2024, utilizando como base los registros del Instituto Nacional de Salud (INS) y la base de datos Datos_2024_356 del Ministerio de Salud. Presenta un panorama detallado que evidencia el incremento sostenido de estos casos, especialmente en jóvenes entre 18 y 25 años y en mujeres, quienes representan la mayoría de los intentos aunque los hombres muestran mayor letalidad.

El texto combina análisis estadístico, contexto histórico, aportes de expertos en salud mental y testimonios anónimos, lo que le da una mirada humana a las cifras. También señala limitaciones metodológicas en la base de datos, como variables codificadas y ausencia de tasas poblacionales.

Después del borde narra la historia íntima de Daniel tras sobrevivir a un intento de suicidio y enfrentar la compleja tarea de reconstruirse. A través de escenas cotidianas, confesiones y memorias que aún duelen, esta crónica revela cómo se transforma la relación con uno mismo después de tocar el límite: la fragilidad emocional, el peso del cuerpo, el apoyo de los afectos y la búsqueda constante por mantenerse en pie. Es un retrato honesto de la ansiedad, la resistencia y el lento proceso de volver a habitar la vida, día tras día, desde un lugar más humano y más consciente.

Renacer desde el dolor cuenta la travesía emocional de Diana, una mujer que creció sintiéndose invisible y que, años después, tuvo que enfrentar las cicatrices de una infancia marcada por silencios, desapego y la idea equivocada de no merecer amor. La crónica recorre sus memorias más profundas: el peso del resentimiento, la culpa de la maternidad vivida desde la tristeza, las grietas del matrimonio y el día en que comprender que ya no podía sostenerse sola la obligó a detenerse.

A través de su voz, el texto revela cómo se desmorona una vida cuando el pasado no se nombra, y cómo comienza a reconstruirse cuando, por fin, se mira de frente. La terapia, la fe y la decisión de sanar se convierten en los pilares de un renacimiento que transforma el dolor en propósito. Hoy, Diana acompaña a otras mujeres desde el lugar al que llegó después de tocar fondo: uno más consciente, más compasivo y más verdadero.

Es un relato íntimo sobre la depresión, la resignificación y la fuerza que nace cuando una persona decide dejar de huir de su historia para empezar a escribirla de nuevo.

Mi mayor enemigo: mi mente es una entrevista que expone, de manera honesta y reflexiva, la experiencia de una persona que ha enfrentado dificultades de salud mental desde la infancia hasta la adultez. El documento recoge su relato sobre cómo los pensamientos negativos, el silencio emocional y la presión por aparentar fortaleza afectaron su bienestar y lo llevaron a reconocer la necesidad de buscar ayuda profesional.

La entrevista aborda momentos clave de su proceso: el inicio de los síntomas, la resistencia a pedir apoyo, el impacto de la ansiedad en su vida cotidiana y el papel de la terapia en la comprensión de sus emociones. También destaca la importancia de las redes de apoyo y del acompañamiento psicológico como herramientas para recuperar estabilidad y desarrollar nuevas formas de gestionar su mente.

En conjunto, el texto presenta un testimonio claro sobre lo que significa vivir con cargas internas, identificar señales de alerta y comenzar un proceso de recuperación basado en autoconocimiento, apoyo y responsabilidad personal.

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Zona Segura es un espacio creado para detener el ruido, bajar la guardia y respirar. Aquí la vulnerabilidad no es un riesgo, sino un puente. Este es el lugar donde puedes expresarte con libertad, compartir lo que sientes, encontrar palabras que acompañan y acceder a ejercicios diseñados para ayudarte a entender y gestionar tus emociones.

En esta sección reunimos testimonios anónimos, herramientas de autocuidado, un test interactivo para reconocer señales internas y mensajes que recuerdan que pedir ayuda también es una forma de valentía. Zona Segura está pensada como un refugio digital donde nadie es juzgado, donde cada emoción tiene permiso de existir y donde puedes conectar con recursos que te orientan y te sostienen en momentos difíciles.

Este espacio existe para recordarte algo esencial: no tienes que atravesar tu dolor en soledad. Aquí puedes quedarte, escribir, reflexionar y volver las veces que lo necesites. Estás en un lugar seguro.

Camila, con 17 años recién cumplidos, siempre fue la típica niña que los profesores describían como “responsable, aplicada y tranquila”. Pero nadie sabía lo que realmente significaba esa tranquilidad: un silencio lleno de dudas, inseguridades y miedo constante al rechazo.

Todo empezó cuando ingresó a 11°. Las clases se volvieron un escenario intimidante. Levantar la mano era un riesgo, hablar en grupo una amenaza. Cada vez que la profesora llamaba lista, el corazón se le disparaba como si estuviera corriendo una maratón.
Su mayor miedo no era equivocarse: era que alguien la mirara mal, que alguien comentara algo, que sus manos temblaran y lo notaran.

En casa, las cosas parecían normales. Su mamá trabajaba doble turno, así que Camila solía encargarse de sus dos hermanitos. Por eso intentaba ocultar todo, porque pensaba que “no debía ser una carga”. Pero el precio de guardar silencio fue alto: dejó de comer como antes, dormía apenas tres horas por noche y lloraba en el baño para que nadie la escuchara.

Un día, durante una exposición, la ansiedad le ganó. Sintió que se desmayaba, las palabras se enredaron y solo pudo decir: “Lo siento”. Su profesora, lejos de juzgarla, la acompañó afuera del salón y le dijo una frase que la marcó:
“Estar mal no te hace débil. Te hace humana.”

Esa fue su primera chispa de confianza. Junto con la orientadora escolar, comenzó a aprender técnicas de respiración y a entender que su miedo no la definía. Hoy, aunque aún tiene días difíciles, está aprendiendo a hablar, pedir ayuda y reconocerse más allá de sus temores.

Por primera vez en mucho tiempo, Camila cree que merece sentirse bien… y que está camino a lograrlo.

A sus 21 años, Andrés parecía tenerlo todo bajo control: trabajaba medio tiempo, estudiaba de noche y cuidaba de su abuela, la mujer que lo crió. Era el “hombre de la casa”, el que debía estar fuerte, el que no podía fallar.
O eso le habían hecho creer.

Durante meses, Andrés sintió un cansancio que no se quitaba con dormir. Llegaba a clase vacío, con la mirada perdida, como si su cuerpo estuviera ahí pero su mente no. Comía poco y cuando llegaba a casa se metía directo a la cama, evitando conversaciones, evitando sentir.

La gente pensaba que estaba “estresado”, pero él sabía que era algo más profundo. Había días en los que levantarse de la cama le costaba una lucha interna. No era flojera, era un peso invisible que aplastaba sus pensamientos.

Un día, después de entregar un trabajo tarde, un profesor le pidió quedarse un momento. Andrés pensó que sería un regaño, pero el profesor lo miró con una sinceridad que desarmaba:

“No quiero saber por qué fallaste. Quiero saber cómo estás.”

Esas palabras fueron el quiebre. Andrés lloró como no lloraba desde niño. Contó lo que llevaba acumulado por años: la presión, el miedo, la responsabilidad que no podía soltar.

Ese mismo día aceptó asistir al centro psicológico de su universidad. Allí descubrió que no tenía que cargar con todo solo. Empezó a reconstruir su rutina: caminatas cortas, rutinas más amables, límites sanos y, sobre todo, dejar de fingir que estaba bien cuando no lo estaba.

Hoy sigue estudiando y trabajando, pero lo hace desde un lugar más consciente: no como el que debe ser fuerte todo el tiempo, sino como alguien que está aprendiendo a cuidarse a sí mismo también.

María Camila tiene 30 años y, desde afuera, su vida parece impecable. Tiene un buen trabajo, un apartamento donde la luz entra por las mañanas, una agenda llena de responsabilidades y una reputación intachable como “la que siempre puede con todo”.
Eso es lo que el mundo ve.

Pero lo que no ven es que, desde los 20, María Camila aprendió a sobrevivir funcionando, no viviendo.
Era la hija responsable, la amiga que escucha, la empleada que nunca falla, la mujer que resuelve antes de que alguien lo pida. Y sin querer, convirtió el perfeccionismo en una armadura. Esa armadura brillaba por fuera, pero por dentro pesaba como si estuviera hecha de concreto.

Durante años repitió un patrón silencioso: despertarse con el corazón acelerado, ir al trabajo con un nudo en la garganta, sonreír incluso cuando la mente le suplicaba detenerse. “Estoy bien”, decía siempre.
Lo decía tan seguido que casi se lo creyó.

Pero la verdad es que cada noche, cuando llegaba sola a su apartamento, la ansiedad le caía encima como una ola fría. La respiración se le agitaba. Las manos le temblaban. El pensamiento más constante era uno que nunca dijo en voz alta:
“No puedo fallar. Si fallo, todo se derrumba.”

El quiebre llegó a los 29, una tarde en la oficina. No pasó nada grave —ni un despido, ni un accidente, ni un grito— solo recibió un correo con una corrección mínima. Pero su cuerpo reaccionó como si hubiera ocurrido una tragedia. Sintió un mareo, la vista borrosa, las manos rígidas. Se encerró en el baño y lloró sin entender por qué.

Esa fue su primera señal. No de debilidad, sino de saturación. De humanidad.

Semanas después tomó la decisión que había evitado por años: pidió ayuda profesional. No fue fácil. Le costó admitir que la fortaleza también puede enfermar, que ser independiente no significa cargar con todo sola, que la niña responsable que fue merecía descansar.

El proceso no ha sido lineal. A veces retrocede, a veces avanza, a veces se detiene. Pero algo cambió: ahora se permite sentir. Se permite decir “no puedo”, “esto me supera”, “hoy necesito parar”.
Y por primera vez en mucho tiempo, María Camila está aprendiendo a vivir sin fingir.

Hoy no busca ser perfecta. Busca ser real.
Busca ser ella.

No Más Lágrimas es el corazón sonoro y visual de Lágrimas Amarillas: un espacio donde las voces, las emociones y el conocimiento se encuentran para abrir conversaciones urgentes sobre salud mental, bienestar emocional y prevención del suicidio.

Aquí convergen reflexiones personales, perspectivas profesionales, datos que orientan y relatos que dan sentido. Es un lugar para escuchar lo que rara vez se dice en voz alta, para reconocer lo que duele, para comprender lo que pesa y para construir nuevas formas de acompañarnos.

A través de historias, análisis humanos y recursos audiovisuales, No Más Lágrimas invita a detenernos, mirar hacia adentro y entender que hablar también es un acto de cuidado. Este espacio busca generar conciencia, derribar estigmas y transformar cada experiencia en un puente hacia el apoyo, la empatía y la vida.

Un recorrido honesto y necesario que nos recuerda que nadie debe enfrentar la oscuridad en silencio, y que siempre hay caminos para volver a empezar.

Ve a través de mis ojos | Lágrimas Amarillas

Ve a través de mis ojos sigue la historia íntima de Daniel, un joven colombiano que reconstruye su vida después de un intento de suicidio, revelando sus heridas, su proceso de recuperación y la forma en que aprendió a volver a mirarse con compasión.

Manos que sanan | Auto-reflexión de Lagrimas Amarillas:

Un espacio para pausar, respirar y reconectarnos con nuestras propias manos —esas mismas manos que pueden sostener, soltar, sanar. Este video invita a mirar hacia adentro, a reconocer emociones y a abrir paso al autocuidado. Date el permiso de verte, escucharte y, sobre todo, sanar desde ti.

Hablemos de vida | Videotips con la psicóloga Sayuris Narváez

Hablemos de vida es un espacio creado para acompañarte con herramientas emocionales reales, cercanas y fáciles de aplicar. En este video, la psicóloga Sayuris Narváez comparte videotips esenciales para reconocer lo que sientes, manejar momentos difíciles y construir hábitos de autocuidado desde lo cotidiano.

Aquí encontrarás orientación práctica, mensajes de calma y recordatorios importantes sobre tu bienestar emocional. Nuestro objetivo es que nunca te sientas solx en el proceso: pedir ayuda es válido, sentir también lo es, y avanzar a tu ritmo es totalmente suficiente.

💛 Este video hace parte de Lágrimas Amarillas, un proyecto transmedia de sensibilización y acompañamiento en salud mental.

No Más Lágrimas es el podcast oficial de Lágrimas Amarillas, un espacio íntimo y necesario donde hablamos de salud mental con honestidad, empatía y profundidad. Aquí las voces se convierten en refugio, las historias en compañía y las conversaciones en una oportunidad para entendernos mejor.

Cada episodio invita a explorar emociones que solemos callar, reflexionar sobre lo que pesa y reconocer que pedir ayuda es un acto de valentía. Con testimonios reales, reflexiones humanas y orientaciones profesionales, este podcast busca derribar estigmas, abrir caminos de apoyo y recordarnos que nadie tiene que atravesar sus tormentas en silencio.

No Más Lágrimas es un lugar para escuchar, sentir y acompañar… un recordatorio de que la vida también se construye desde la palabra, la empatía y la conexión.

Bienvenido/a a No estás solx, un espacio creado con la certeza de que nadie debería atravesar su dolor en silencio. Aquí queremos ofrecerte un abrazo digital, una mano amiga y rutas de esperanza. Si estás luchando, dudando, sintiéndote solo/a o vulnerado/a, este es un lugar donde puedes encontrar acompañamiento, información y un camino para pedir ayuda. Porque tu voz importa, tus miedos merecen ser escuchados, y tu vida vale más de lo que imaginas.

Línea / ServicioCobertura / Quién puede llamarTeléfono / contacto
Línea de la VidaBarranquilla / Atlántico(5) 339 9999 — 315 300 2003
Línea de Salud Mental del AtlánticoTodo el departamento Atlántico317 621 8394
Línea 123Emergencias / crisis graves (todo el país)123
Línea 106 “El poder de ser escuchado”Todo Colombia, apoyo psicosocial106 — WhatsApp 300 754 8933
Línea CalmaHombres en crisis emocional (Colombia)01 8000 423 614

Centro Terapéutico Reencontrarse

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E.S.E. Universitaria del Atlántico CACE

Salud Mental Excelente

Villa 76

¿QUÉ BRINDA ESTE ESPACIO?

Un espacio para encontrar apoyo práctico, emocional y visual. Aquí verás guías, comics, flyers e información clara que te acompañe en momentos difíciles.


Guía rápida para momentos difíciles
  1. Reconoce lo que sientes, sin juzgarlo.

  2. Escríbelo en una nota o en tu celular.

  3. Conéctate con tu entorno: mira algo, toca algo, escucha algo.

  4. Respira 10 segundos, inhalando lento y exhalando más lento.

  5. Toma agua para cortar el ciclo de estrés.

  6. Camina 2 minutos para que tu cuerpo suelte tensión.

  7. Habla con alguien de confianza si te sientes abrumadx.

  8. Si todo se siente muy pesado, busca ayuda profesional. No estás solx.

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No estamos aquí solo para informar, sino para transformar la forma en la que hablamos de salud mental.

Gracias por ser parte.
Historias que explican emociones con simpleza y empatía

COMIC HECHO POR SHADIA NACITH

Historias que explican emociones con simpleza y empatía

CONSEJOS PRÁCTICOS DE APOYO EMOCIONAL

1. Respira antes de reaccionar

 

Una pausa de 10 segundos puede cambiar por completo cómo manejas una emoción intensa. Respira profundo y vuelve a tu centro.

 

2. No luches contra lo que sientes

 

La emoción que estás sintiendo no es tu enemiga; es un mensaje. Reconócela sin juzgarla.

 

3. Escríbelo todo




Anotar lo que pasa por tu mente te ayuda a vaciar la carga emocional y a ver las cosas con más claridad.



4. Usa la regla 3-3-3




Mira 3 cosas a tu alrededor, escucha 3 sonidos y mueve 3 partes de tu cuerpo. Te ayuda a bajar ataques de ansiedad.



5. Toma agua despacio




Unos sorbos lentos pueden romper el ciclo de estrés y hacer que tu sistema se regule.



6. Sal a caminar 2 minutos




No es ejercicio: es permitir que tu cuerpo suelte tensión acumulada.



7. Habla con alguien de confianza




No necesitas tener “algo importante” que decir. A veces es solo soltar un poquito del peso.



8. No te aísles




La soledad prolongada agrava la carga emocional. Busca un lugar seguro, aunque sea virtual.



9. Pon límites suaves, pero firmes




Decir “hoy no puedo con esto” es parte del cuidado emocional.



10. Reconoce tus pequeños logros




Tender tu cama, bañarte, comer algo, enviar un mensaje…

Nada es “pequeño” cuando estás luchando. Todo cuenta.



11. Recuerda que no todo se resuelve hoy




A veces tu única tarea del día es seguir aquí.



12. Busca ayuda profesional si lo necesitas


Ir a terapia no significa que estás roto: significa que quieres entenderte mejor.

Realiza a través de este link tu test de autodiagnostico emocional.