Voces Que Nos Unen es un podcast creado como parte del especial transmedia Voces que Transforman. En este espacio sonoro, se entretejen testimonios reales, memorias comunitarias y relatos sonoros que reflejan el poder de la radio como herramienta de resistencia, identidad y unión entre comunidades del Atlántico.
Escucha cada episodio donde se amplifican las historias de quienes le dan vida a las emisoras comunitarias del Caribe colombiano. Disponible en Spotify para que lo lleves contigo a cualquier parte.
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Mira este documental donde se profundiza visualmente en el proceso de creación, grabación y conexión con las emisoras comunitarias del Atlántico. Una pieza audiovisual para ver, escuchar y sentir.
Cuando hablamos del papel de la radio comunitaria en nuestra sociedad, hablamos de una herramienta que beneficia a los ciudadanos, proporcionando servicios como la educación, información y entretenimiento, a la vez que empodera y da una voz a los miembros de las comunidades que generalmente no son vistas por los medios comerciales.
Para resaltar la importancia del rol social que cumplen las radios comunitarias, nos transportamos al municipio de Baranoa, el cual cuenta con aproximadamente 55.788 habitantes. En este vibrante municipio lleno de cultura, la emisora de radio Fiesta Stereo es un medio clave para la comunidad. Para conocer más a fondo su labor y su propósito, así como también el funcionamiento de este tipo de medios se ha conversado con un representante clave de la emisora: Camila Paternina.
Como emisora, conocemos el poder de las historias para transmitir tradición y mantener viva la originalidad. Desde el principio, quisimos que fuera un proyecto que encausara la voz de las personas que están dentro y fuera de Baranoa. Fue un vehículo de reconocimiento y difusión no solo a nivel interno, sino también internacionalmente, y allí radica su aporte social.
La mayor parte de las emisoras comunitarias son formadas por la propia gente de la comunidad en sus nóminas. Normalmente, su gestión y agenda giran alrededor de la misma, de las necesidades y circunstancias, sean coyunturales o permanentes, donde esté la comunidad. Esto hace que el ciudadano esté informado y pueda participar activamente en sociedad.
La emisora posee un amplio conocimiento, que ha ido enriqueciendo con los años, lo que le ha permitido fundamentar los cimientos no solo de su agenda sino de sus contenidos a partir de la identidad cultural, social y política baranoera. Esto le permite tener un dominio total sobre cómo ha ido evolucionando la identidad local y a qué cambios está sujeta, pero siempre priorizando la identidad y lo que nos hace únicos como comunidad.
Gracias a las emisoras comunitarias, las personas pueden confiar en un medio de comunicación cercano. Su manejo es mucho más accesible que el de una emisora comercial, lo que la hace disponible para todos. Además, maneja mayor contexto cultural y social al momento de transmitir información, haciendo que el proceso sea eficaz.
Los medios comerciales trabajan por empresas y visibilidad; las emisoras comunitarias trabajan para la comunidad, para comunicar noticias de interés social, político y cultural interno, con una conciencia educativa y social mayormente vinculada a la dinámica comunitaria, a diferencia de una emisora comercial.
El sostenimiento económico es todo un reto, ya que no se reciben suficientes recursos del Estado, y todo lo que medianamente puede producir para sus ganancias es para cubrir los gastos apenas básicos. Por lo tanto, el desarrollo y la evolución son más lentos que en una emisora comercial.
Mediante trabajos directos con la comunidad, desde el apoyo en proyectos educativos, sociales y culturales de manera absolutamente gratuita, brindando información de calidad y respetuosa con la comunidad, y siendo emisor de oportunidades en el medio, sin importar la experiencia de la persona.
De esta manera podemos ver como Fiesta Stereo es más que una emisora, cumple un papel como faro de solidaridad y construcción comunitaria. Así se construye un espacio que brinda oportunidades para todos los habitantes.
En los márgenes de las emisoras que son frecuentemente sintonizadas, existen límites donde el ruido mediático no llega, ahí es donde siguen transmitiendo las emisoras comunitarias. Lo hacen con equipos que han sobrevivido más de una década, con editores que también son locutores, técnicos o simplemente ciudadanos del común con una vocación por hacer parte de la contribución a la sociedad que representan.
Son estaciones de radio que no solo informan, sino que principalmente sostienen la identidad de sus pueblos, hacen pedagogía ciudadana, preservan la cultura y tradiciones, promueven derechos y, sobre todo, permiten que comunidades enteras se escuchen a sí mismas y conozcan de su cotidianidad.
En Colombia hay casi 700 emisoras comunitarias autorizadas, pero esta es una cifra engañosa. Que estas tengan una licencia no significa que también posean las condiciones reales para funcionar, o al menos como es debido. Confirmado por bases de datos, convocatorias estatales y diagnósticos oficiales, resalta un factor común: las emisoras comunitarias existen, pero están fuera del radar de las políticas públicas.
Un reciente documento del Ministerio de Cultura muestra que solo el 4 % de estas emisoras han accedido a algún tipo de financiación del Estado en los últimos cinco años. Muchas veces esto ocurre porque no cuentan con personal capacitado en formulación de proyectos, porque los requisitos son excesivos o porque ni siquiera tienen conexión a internet para enterarse a tiempo.
La radio comunitaria ha sido clave para construir nación. Desde Sutatenza hasta las emisoras indígenas de la Amazonía, desde el Caribe profundo hasta los corregimientos del Valle del Cauca, estos medios han demostrado su valor como canales de formación, organización y transformación social. Son herramientas poderosas para la participación y la democracia, pero que siguen recibiendo un trato marginal.
Las emisoras comunitarias no pueden seguir en el olvido estatal.
No se trata solo de dotarlas con equipos o entregar cheques. Se trata de cambiar el enfoque desde el que se las mira. De dejar de verlas como “radios pequeñas” o “medios artesanales” y reconocerlas como verdaderos actores del ecosistema comunicativo. Actores que requieren acompañamiento estructural, fortalecimiento institucional y, sobre todo, respeto por sus dinámicas propias.
Los gobiernos locales y nacionales tienen una deuda con las emisoras comunitarias. Mientras muchas batallan por sobrevivir en medio de la precariedad, se destinan millones a campañas publicitarias en canales privados o se concentran los apoyos en industrias culturales que no representan al país rural ni popular.
Es urgente una política pública integral que reconozca el papel de la radio comunitaria y la fortalezca desde su base: formación, infraestructura, sostenibilidad, autonomía y participación. No más planes piloto que se quedan en informes. No más mesas de diálogo que no se convierten en acción. Las emisoras comunitarias no pueden seguir en el olvido estatal.
Por: David Andrés Beleño Cantillo
En medio del vibrante y a menudo ruidoso pulso de Barranquilla, una frecuencia radial emerge como un faro de participación y empoderamiento: 89.6 FM, la señal de Vokaribe Radio. Más que una simple estación, Vokaribe es un testimonio vivo del poder de la comunicación comunitaria, una plataforma donde las voces de los barrios, los olvidados por los grandes medios, encuentran un espacio para ser escuchadas, denunciar, proponer y, sobre todo, construir tejido social.

Ubicada en el corazón de barrios populares, Vokaribe Radio no es una emisora comercial. Su razón de ser no son los anunciantes, sino la gente. Desde su fundación en abril de 1995, ha apostado por un modelo de comunicación horizontal, donde los micrófonos están abiertos a las organizaciones de base, a los líderes sociales, a los artistas locales y a cualquier ciudadano que tenga algo que decir.
Este modelo participativo garantiza que la agenda de la emisora esté genuinamente arraigada en las necesidades e intereses de la gente, ofreciendo una perspectiva que a menudo se pierde en los medios masivos.
No obstante, Walter Hernández Romero, cofundador, presidente y director de Vokaribe, afirma que este proyecto nació de la necesidad de dar voz a aquellos que históricamente han sido silenciados. En un panorama mediático dominado por grandes conglomerados, esta iniciativa emergió como un espacio de resistencia y participación ciudadana a mediados del año 1991, en un contexto donde Colombia atravesaba por una nueva Constitución Política. La idea se materializó cuatro años más tarde.
Según Hernández, la misión ha sido clara desde el principio: ser un medio de comunicación al servicio de los sectores populares, fomentando la construcción de ciudadanía, la diversidad cultural y el desarrollo local. A través de su sitio web vokaribe.net, alcanza a más de 90 barrios y una población superior a los 700.000 habitantes.
"Vokaribe es nuestra voz", comenta María Elena Garcés, líder comunitaria del barrio El Bosque, quien ha participado en varios programas de la emisora. "Aquí no solo nos escuchan, nos entienden y nos ayudan a difundir lo que es importante para nosotros. Es una familia".
Como muchas iniciativas comunitarias, Vokaribe enfrenta desafíos constantes. La sostenibilidad económica, la renovación tecnológica y la capacitación constante de sus equipos son solo algunos de ellos. Sin embargo, su resiliencia es innegable: el compromiso con la comunidad y el apoyo de voluntarios y organizaciones aliadas han sido clave para su supervivencia y crecimiento.

A pesar de estos desafíos, sus logros son numerosos: campañas exitosas de movilización social, reconocimiento a la labor periodística independiente, formación de nuevas generaciones de comunicadores y, lo más importante, el fortalecimiento del tejido social en los barrios que acompaña.
Vokaribe no solo informa; articula, conecta y empodera. En un panorama mediático cada vez más fragmentado, Vokaribe Radio se erige como un faro de esperanza. Su compromiso con la verdad, la participación y la diversidad la convierte en un modelo a seguir para otras comunidades que buscan construir sus propias narrativas.
Escuchar Vokaribe es sintonizar con la auténtica voz de Barranquilla, una voz que sigue resonando con fuerza y vitalidad, buscando a través de sus micrófonos construir un futuro más justo, informado y participativo para todos.
"Nos esforzamos por ser un espejo de nuestra gente", afirma Milton Patiño, otro de los cofundadores de esta emisora comunitaria, quien comenta que la parrilla de Vokaribe es un mosaico de la diversidad cultural y social de la ciudad. Con programas que van desde el Informativo Vokaribe, que aborda noticias locales y departamentales, hasta espacios dedicados a la música folclórica, la cultura picotera, la etnoeducación y las voces de comunidades específicas como mujeres, niños, adultos mayores, población LGBTI y minorías étnicas.
"Queremos que cada oyente se sienta representado, que encuentre en nuestra programación un eco de sus propias experiencias y aspiraciones. No somos solo una emisora; somos un facilitador de procesos sociales".
En el corazón vibrante de Baranoa, donde el calor humano se mezcla con la brisa del Caribe, late con fuerza una emisora muy especial: Fiesta Stereo, una de las 20 emisoras que tiene el departamento del Atlántico y la única de dicho municipio. No es una estación radial que cuente con grandes estudios ni sofisticados equipos, pero sí es un proyecto nacido del esfuerzo colectivo de sus habitantes, un medio de comunicación hecho a pulso, con micrófonos sencillos y un transmisor modesto, pero con una potencia inigualable: la voz de su gente.

Su historia se remonta al 17 de diciembre de 1998, cuando luego de que la Constitución Política de Colombia de 1991 en su artículo 20 estableciera que toda persona pudiese formar un medio de comunicación como persona natural, jurídica o como una organización. Así lo expresa Tomás Nieto Silvera, cofundador y periodista del programa “Sonoros, billos y algo más”, con ese brillo en los ojos que denota una pasión intacta por todo eso que realiza a diario desde muy tempranas horas de la mañana con sus hojas de papel escritas con su puño y letra, en donde tiene plasmada la información recolectada para dársela a conocer a toda su audiencia.
Desde entonces, Fiesta Stereo ha sido la voz del pueblo baranoero, en donde este ha podido expresar sus inquietudes, compartir sus sueños y vivir juntos momentos que han marcado la vida de este municipio.
Rodolfo, uno de los comerciantes que se encuentran en la zona del espacio público desde hace más de 20 años, recuerda con nostalgia cómo con su radio de baterías doble A sintonizaba las primeras transmisiones para escuchar esa “musiquita sabrosa” que lo acompañaba y que lo sigue acompañando hasta el día de hoy. Para él, la emisora le dio vida a su pueblo y comenta que al mismo tiempo impulsa a muchos jóvenes a involucrarse con lo que pasa en Baranoa, sobre todo en lo relacionado con los temas culturales.
Así como también lo señala Josefa, una mujer que deleita a los habitantes de Baranoa con la crocancia de sus chicharrones en la entrada de las instalaciones de la emisora. Entre risas, mientras atiende a sus clientes, comenta que uno de los periodistas todos los fines de semana le dice que le venda la vitamina para poder locutar bonito. "Los grandes medios no llegaban aquí, o si lo hacían, era para mostrar solo lo negativo. Nosotros queríamos contar nuestra propia historia para que el departamento conozca que somos un buen vividero", afirma Josefa.
Hoy, Fiesta Stereo sigue vibrando con la energía de su comunidad. Ha superado muchas dificultades, desde la falta de recursos hasta las amenazas de quienes no ven con buenos ojos una voz independiente y crítica. Pero la pasión de sus voluntarios y el apoyo incondicional de sus oyentes la mantienen viva.
Al sintonizarla, uno puede escuchar desde un programa de noticias con los protagonistas de los sucesos, hasta un debate sobre los desafíos que enfrenta el barrio, pasando por el análisis económico del municipio y el departamento. También hay momentos para recordar despiertos hechos que evocan la nostalgia de antaño y espacios dedicados al talento local, donde jóvenes artistas tienen la oportunidad de mostrar su arte.
Fiesta Stereo es mucho más que una emisora comunitaria; es un símbolo de resistencia, de participación ciudadana y de la capacidad de una comunidad para construir sus propios canales de expresión. Es la prueba de que, con pocos recursos pero con mucha convicción, se puede alzar una voz fuerte y clara, una voz que resuena en cada rincón de Baranoa, llevando consigo las historias, los sueños y la esencia misma de su gente.
Y mientras el dial siga girando y las ondas sigan propagándose, Fiesta Stereo seguirá siendo el latido sonoro de un pedacito de esta tierra caribeña.
Realizado por: David Andrés Beleño
El director de Fiesta Stereo, Javier Caputo Ariza, y Walter Hernández Romero de Vokaribe, hablan de la situación actual por la que atraviesan las emisoras comunitarias en el Atlántico.

Las emisoras comunitarias desde sus inicios han llevado a cabo su función de informar, educar y entretener a la comunidad, promoviendo valores culturales, tradiciones y talentos locales, convirtiéndose en espacios abiertos para construir un tejido social sólido donde la ciudadanía pueda expresarse y participar activamente.
Así mismo, estas emisoras buscan a diario ser la plataforma que le da voz a aquellos sucesos que en muchos casos pasan desapercibidos —y no precisamente por ser irrelevantes—, despertando de esta manera un enfoque más amplio y crítico, visibilizando problemáticas sociales, culturales y ambientales, y fomentando la participación ciudadana en la toma de decisiones.
Para abordar con mayor profundidad la situación actual que afrontan las emisoras comunitarias, tuvimos la oportunidad de hablar con Javier Caputo Ariza y Walter Hernández Romero, directores de Fiesta Stereo y Vokaribe respectivamente.
Ambos directores responden a varias preguntas sobre los desafíos que han tenido que afrontar en distintos aspectos, desde su innovación hasta uno de los más grandes: su sostenimiento económico.

P. Javier, ¿podría describir brevemente la misión y el enfoque principal de su emisora?
Javier Caputo (Fiesta Stereo): En Fiesta Stereo, nuestra misión principal es ser la voz de Baranoa. Nos enfocamos en informar, educar y entretener a nuestra comunidad, promoviendo nuestra cultura, tradiciones y talentos locales. Somos un espacio abierto para que los baranoeros se expresen y participen activamente.
P. Walter, ¿podría describir brevemente la misión y el enfoque principal de su emisora?
Walter Hernández (Vokaribe): En Vokaribe, también buscamos ser una plataforma para las voces de nuestra comunidad, pero con un enfoque más amplio en la construcción de ciudadanía crítica y la promoción de derechos humanos en Barranquilla. Nos interesa visibilizar problemáticas sociales, culturales y ambientales, y fomentar la participación ciudadana en la toma de decisiones. Nuestro lema es "Comunicación para la transformación social".
P. Javier, ¿cuáles considera que son los mayores desafíos que enfrenta Fiesta Stereo como emisora comunitaria en Baranoa?
Javier Caputo: Creo que uno de los mayores desafíos es la sostenibilidad económica. Dependemos mucho de la pauta local y de proyectos puntuales, lo que a veces nos limita en la inversión de equipos y capacitación. Otro reto es la renovación de audiencias, atraer a las nuevas generaciones que están más conectadas con plataformas digitales, manteniendo al mismo tiempo a nuestros oyentes tradicionales. Y, por supuesto, la competencia con las grandes cadenas radiales, aunque nuestro contenido local es lo que nos diferencia.
P. Walter, ¿cuáles considera que son los mayores desafíos que enfrenta Vokaribe como emisora comunitaria en Barranquilla?
Walter Hernández: La sostenibilidad económica es un desafío universal para las emisoras comunitarias. En una ciudad como Barranquilla, la competencia es aún más fuerte y la fragmentación de la audiencia es mayor. Además, para Vokaribe, un desafío constante es garantizar la seguridad y el respaldo legal para nuestros periodistas y comunicadores, especialmente cuando abordamos temas sensibles o de denuncia social. También buscamos fortalecer nuestra presencia en plataformas digitales para llegar a un público más amplio y diverso, sin perder nuestra esencia comunitaria.
P. Javier, ¿podría compartir un ejemplo de un proyecto o iniciativa reciente de su emisora que consideren particularmente exitoso o impactante para su comunidad?
Javier Caputo: Lanzamos un programa llamado "Se siente la gente", donde invitamos a líderes comunitarios, emprendedores y artistas locales a compartir sus historias y proyectos. Ha tenido una gran acogida porque la gente se siente representada y escuchada. También realizamos transmisiones en vivo de eventos culturales y deportivos del municipio que fortalecen el sentido de pertenencia.
P. Walter, ¿podría compartir un ejemplo de un proyecto o iniciativa reciente de su emisora que consideren particularmente exitoso o impactante para su comunidad?
Walter Hernández: En Vokaribe, estamos muy orgullosos de nuestra serie de podcasts "Relatos ñeros", que documenta las experiencias, historias y anécdotas de integrantes de los barrios. Ha generado un diálogo importante sobre la protección del medio ambiente y los derechos de estos sectores. También hemos sido muy activos en campañas de pedagogía, lo que ha tenido un impacto tangible en la participación ciudadana.
P. Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los planes o las metas a corto y mediano plazo para su emisora?
Javier Caputo: A corto plazo, queremos modernizar nuestros equipos de transmisión para mejorar la calidad del sonido. A mediano plazo, buscamos fortalecer nuestra presencia digital, generar más contenido multimedia que complemente nuestra programación radial. Queremos seguir siendo relevantes para Baranoa y adaptarnos a las nuevas formas de consumo de medios.
Walter Hernández: Para Vokaribe, a corto plazo, nuestra meta es consolidar nuestros proyectos de formación en comunicación comunitaria, empoderando a más jóvenes y líderes. A mediano plazo, aspiramos a expandir nuestra cobertura y buscar alianzas estratégicas con otras organizaciones y medios para amplificar nuestras voces. También queremos seguir innovando en formatos y contenidos que nos permitan llegar a públicos más diversos y mantenernos a la vanguardia de la comunicación para el cambio social.
En medio de todo el departamento del Atlántico, decenas de emisoras comunitarias buscan la manera de mantener abiertos sus micrófonos para amplificar las voces de barrios, corregimientos y municipios. Aunque muchas veces pasan desapercibidas en las agendas mediáticas nacionales, estas emisoras juegan un papel clave en la cotidianidad de una gran cantidad de personas que no solo buscan entretenimiento en estos medios, sino también encontrar una forma de participar, crear identidad y mantener viva la memoria de sus comunidades.
Según un análisis de la base de datos del Ministerio TIC sobre emisoras activas en Colombia, el departamento del Atlántico cuenta con 58 emisoras distribuidas en al menos 18 municipios.


A su vez, dentro de las 19 emisoras comunitarias que existen en el departamento, 4 de estas se concentran solamente en Barranquilla (2 en el suroccidente, 1 en el norte y 1 en el centro de la ciudad), mientras que en otros municipios como Soledad, Malambo y Puerto Colombia operan 2 por cada uno. Estas emisoras no pertenecen a grandes conglomerados ni responden a intereses comerciales, ya que sus licencias se encuentran a nombre de determinadas organizaciones sociales sin ánimo de lucro. Esto es lo que les permite operar con un enfoque más comunitario y territorial.
Este tipo de presencia radial garantiza el acceso a la información en comunidades donde otros medios no llegan o simplemente no representan los intereses de ciertos sectores.
Un aspecto para destacar de las emisoras comunitarias y su importancia y rol social vendría siendo su cercanía con los sectores a los que brindan su servicio. Esta cercanía radica en el hecho de que busca proteger lo local, al darle una plataforma a miembros de la comunidad y visibilizar sus necesidades. Esto se vuelve especialmente importante cuando se habla de las localidades rurales del país, en donde, según el documento de proyectos tipo del gobierno nacional, solo el 32% de la población tiene acceso a tecnologías de información y comunicación (TIC) y donde el 44% de los hogares no poseen acceso a internet.
Estos factores hacen el acceso a la información un proceso complicado para aquellos que viven en áreas rurales y, por ende, el papel de las radios comunitarias sería fundamental para ayudar en procesos informativos, educativos y culturales, debido a su gran nivel de accesibilidad e interés por velar por las necesidades de la comunidad.
De hecho, el informe “Diagnóstico de radios comunitarias” de la Universidad Autónoma del Caribe señala que más del 90% de estas emisoras cumplen roles clave como el fortalecimiento de la identidad cultural, la promoción de la participación ciudadana y el apoyo a procesos sociales. Entre los aspectos más destacados del diagnóstico se menciona que estas emisoras generan contenidos en lenguas locales dependiendo de los sectores, visibilizan tradiciones culturales y sirven como canales de comunicación directa entre líderes comunitarios y la ciudadanía.
Además, se resalta que al menos un 87% de las emisoras entrevistadas incluyen en su programación contenidos sobre derechos humanos, medioambiente y salud pública, lo que refuerza su papel como plataformas de formación y transformación social.
Este rol social se ve evidenciado por medio de sus acciones sociales, que llevan a una mejora notoria en las distintas localidades del país. Según un diagnóstico elaborado por el Ministerio de Telecomunicaciones, un 49% de las emisoras comunitarias reciben y transmiten campañas sociales, lo que constituye un importante apoyo a la ejecución de los programas del Estado y al desarrollo local.
Así se demuestra cómo estas emisoras contribuyen a cumplir con las necesidades de los habitantes, dando resultados que evidencian su compromiso con las causas sociales.
En gran parte de los casos, estas emisoras también funcionan como una puerta de acceso para el ejercicio de participación ciudadana, permitiendo así que una gran cantidad de sectores marginados también cuenten con capacidades de transformación y desarrollo. Esto a su vez les permite convertir determinados sectores históricamente marginados en escenarios clave donde pueden expresar sus voces y fomentar cada vez más procesos de transformación y desarrollo desde la cotidianidad.
Esta vocación participativa se traduce en iniciativas concretas que contribuyen al empoderamiento social a través de la formación y el fortalecimiento de liderazgos comunitarios. El diagnóstico ya mencionado lo ha demostrado señalando que más del 60% de las radios comunitarias en el Atlántico ofrecen talleres y capacitaciones de liderazgo y gestión comunitaria, al igual que mecanismos de participación dirigidos específicamente para las mujeres dentro de la producción radial.
Teniendo en cuenta la gran cantidad de oportunidades que ofrecen las emisoras comunitarias en sectores marginados por la falta de acceso al internet y a la información, es importante resaltar su labor de formación y movilización de la palabra.
Caracterizar a las emisoras comunitarias del Atlántico no se trata simplemente sobre cuantificar ni separar cierto tipo de información. Es comprender que detrás de cada una existe un proyecto colectivo y un gran esfuerzo por lograr brindar esa oportunidad de comunicación a ciertos sectores que por diferentes razones no pueden acceder como es debido.
La cotidianidad es el recurso y soporte más importante que tienen las emisoras comunitarias para mantener vivas las vivencias y tradiciones de estos sectores que también merecen ser escuchados sin importar cuán pequeños sean.
En un país donde los grandes medios dominan la escena informativa, las emisoras comunitarias del Atlántico continúan abriéndose paso como espacios de resistencia, participación y construcción social. A pesar de operar con recursos limitados y frente a una competencia desigual, estas emisoras se mantienen firmes en su propósito de representar a sus comunidades, dar voz a los sectores marginados y fortalecer la identidad cultural del territorio. Este artículo ofrece un análisis detallado sobre su panorama actual, cifras oficiales, obstáculos, aportes y proyecciones futuras dentro del ecosistema comunicativo colombiano.
Pese a sus recursos limitados y la aparición de nuevas tecnologías las emisoras comunitarias siguen ejerciendo un rol importante como medio de comunicación al servicio de la comunidad atlanticense, la participación ciudadana y la gestión como agentes para el cambio sigue contribuyendo al fortalecimiento del tejido social.

Emisora comunitaria Fiesta Stereo, Baranoa (Atlántico)
Según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MINTIC) en Colombia actualmente existen 1735 emisoras en el país donde 325 se encuentran bajo una tecnología de transmisión AM y 1410 FM, y de las cuales 615 son comerciales, 344 son de interés público y 776 emisoras comunitarias que prestan un servicio social en el país de las cuales 20 se encuentran registradas en el departamento del Atlántico. Son precisamente estas las que al igual que muchas otras a nivel nacional se enfrentan al desafío de mantenerse al aire. A diferencia de las emisoras comerciales, “las comunitarias a menudo dependen de donaciones de la comunidad, aportes de organizaciones sociales, proyectos específicos con financiación externa (que son temporales) y una publicidad muy limitada (tanto en volumen como en tipo de anunciantes permitidos por la regulación)”. Así lo expresó Walter Hernández, cofundador de la Radiodifusión Comunitaria Vokaribe desde 1994.

Al sumergirnos en los datos disponibles sobre las emisoras comunitarias, lo primero que resalta es su heterogeneidad. No existe un único modelo de emisora comunitaria. Encontramos desde radios gestionadas por organizaciones indígenas que preservan lenguas ancestrales y difunden cosmovisiones propias, hasta emisoras urbanas impulsadas por jóvenes que abordan problemáticas barriales y promueven expresiones artísticas locales.
Sin embargo, este panorama también enfrenta desafíos significativos como lo es la sostenibilidad económica, la falta de recursos técnicos y la poca capacitación profesional que hace que la producción del contenido en ocasiones no cuente con la óptima calidad necesaria, limitando en muchos casos la calidad de la producción y la cobertura. Además, los riesgos de seguridad y las presiones políticas también juegan un papel fundamental debido a la obtención y renovación de licencias, a menudo engorrosa y burocrática, las cuales también representan un obstáculo para su desarrollo.
A pesar de estas dificultades, el impacto de las emisoras comunitarias en el departamento del Atlántico es innegable. Han demostrado ser herramientas poderosas para el desarrollo local, la promoción de la democracia participativa y la defensa de los derechos humanos.
Para Diego Santamaría, periodista de la emisora comunitaria Vokaribe, este medio ha servido como propulsor para impactar y promover aún más la cultura barranquillera por años y de esta misma forma crear espacios de interés entre los jóvenes de muchos sectores vulnerables.
No obstante, reconoce que la “competencia comercial” a la hora de tratar de contar con las mismas herramientas tecnológicas y de promoción es una balanza muy desequilibrada debido a que los recursos económicos y la manera de cómo conseguirlos es muy distinta.
El camino hacia la sostenibilidad de las emisoras comunitarias debe pasar por una reforma profunda en las políticas públicas. La simplificación de los procesos de licenciamiento y la garantía de su sostenibilidad económica a través de fondos estatales o iniciativas que faciliten su acceso a recursos son pasos fundamentales para garantizar su permanencia. Además, se deben fortalecer las redes de apoyo entre las emisoras comunitarias, los organismos gubernamentales y las organizaciones no gubernamentales para crear un ecosistema que favorezca su crecimiento y profesionalización. La capacitación de los comunicadores es un aspecto crucial que debe abordarse para mejorar la calidad de la programación y las emisiones de estas emisoras.
El futuro de las emisoras comunitarias en el Atlántico, y en Colombia en general, está ligado al reconocimiento que el Estado y la sociedad civil otorguen a su labor. Es imprescindible que se valore su rol como agentes de transformación social y como defensores de los derechos de las comunidades que a menudo no tienen otro canal para hacerse escuchar. Además, se deben implementar políticas públicas claras que garanticen la diversidad y la pluralidad en el ecosistema mediático, promoviendo una coexistencia armónica entre emisoras comerciales y comunitarias, sin que las primeras acaparen por completo el espacio radiofónico y digital.
Aunque los retos son considerables, el esfuerzo por parte de diversos actores para garantizar la sostenibilidad de las emisoras comunitarias continúa. Con la cooperación de la sociedad civil, el sector privado y el gobierno, se puede avanzar hacia un modelo más equitativo de comunicación que beneficie a todos los sectores de la sociedad, especialmente a aquellos más necesitados de representación y visibilidad.
Las emisoras comunitarias del Atlántico siguen latiendo al ritmo de las voces que les dan vida. Aunque los desafíos son amplios y complejos, también lo es su compromiso con las comunidades que las sostienen. El camino por recorrer exige voluntad política, inversión social y una ciudadanía activa que reconozca el poder transformador de estos medios. En un entorno mediático donde la pluralidad se ve constantemente amenazada, las radios comunitarias reafirman su lugar como garantes de la diversidad, la inclusión y la democracia. Que esta reflexión sea apenas el inicio de un debate más profundo sobre el futuro de una comunicación verdaderamente equitativa.
Referencias:
Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. (s.f.). Mapa de la radio en Colombia. https://www.mintic.gov.co/portal/maparadio/842/w3-channel.html
Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. (s.f.). Capítulo 5: Radio Sutatenza, un modelo de radio educativa. Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. https://mintic.gov.co/micrositios/historias-de-transformacion/831/w3-propertyvalue- 572676.html
Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. (s.f.). La historia de una emisora comunitaria que orienta a la comunidad. Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. https://www.mintic.gov.co/portal/715/w3-article-146534.html
Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. (2022, diciembre 8). Así fue como la radio llegó a Barranquilla y Cartagena. Radio Nacional de Colombia. https://www.radionacional.co/cultura/historia-radio-colombia-llegada-barranquilla-cartagena
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Comunicadora apasionada por lo sociocultural y por dar voz a lo que muchos no ven. Las radios comunitarias me inspiran porque, a pesar del paso del tiempo y los desafíos, siguen vibrando con la fuerza de su gente. Mi objetivo es visibilizar su impacto real en las comunidades y resaltar cómo siguen siendo pilares de identidad, resistencia y cercanía.

Comunicador entusiasmado y apasionado por conocer la verdad y el funcionamiento de nuestra sociedad. Por esto mismo, considero que la temática de las emisoras comunitarias es más relevante de lo que parece. La sensibilidad que maneja y la gran variedad de temas que trata, convierte a este medio de comunicación en una solución para aquellos que históricamente han sido marginados.

Comunicador con deseo de transformar sociedad, amante de los proyectos que nos integren cada día. Las radios comunitarias me gustan precisamente por eso, por que nos ayudan a creer cada día que podemos avanzar en medio de las dificultades que a diario llegamos a tener. Mi objetivo es que más personas nos sumemos y lleguemos a comprender que tenemos un medio que nos escucha y que nos fortalece como comunidad.
Comunicador social al cual le apasionan los temas culturales y de activismo, es por esto que me inspira el poder transformador de las radios comunitarias. Estas emisoras no solo informan, sino que también fortalecen el tejido social al dar voz a quienes muchas veces quedan invisibilizados. Estoy interesado en apoyar y visibilizar estos espacios que fomentan la participación ciudadana, la cultura local y la construcción de comunidad desde la raíz.
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