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REPORTAJE

Hacer campaña política en la era del unfollow y la sociedad algorítmica

Por: Mariana Vergara

JUNIO 4, 2026

Las cacerías de brujas fueron olas de persecuciones ocurridas principalmente en Europa y América del Norte entre los siglos XV y XVIII, causando la muerte de unas 60.000 personas bajo la acusación de hacer pactos con el diablo y practicar magia negra. Una versión moderna, y afortunadamente menos sanguinaria, de este tipo de fenómenos es la cultura de cancelación que se vive en redes sociales. Especialmente la que enfrentan las figuras públicas que, tras una publicación con el mensaje “erróneo”, son perseguidas por sus verdugos digitales y muchas veces llevadas a la hoguera del ciber entorno.

Caso Jessica Cediel

[La actriz y modelo Jessica Cediel es criticada por posar junto con el ex-presidente Álvaro Uribe] Foto: Jessica Cediel vía Instagram

Un post, una historia o un comentario pueden llevarte a perder cientos de seguidores en cuestión de horas y recibir decenas de “comentarios de odio”. En una época en la cual las redes sociales se han convertido en una extensión de la esfera política (según la UNESCO, más de la mitad de los usuarios de internet utiliza las redes sociales para informarse sobre temas de actualidad), el botón de “dejar de seguir” parece haber adquirido un nuevo significado: ya no se utiliza únicamente para filtrar contenido poco entretenido, sino también para expresar desacuerdo ideológico.

Es común ver que en redes como Tik Tok e Instagram, usuarios decidan hacer unfollow, es decir dejar de seguir, a figuras públicas como creadores de contenido o artistas, después de conocer una postura política que consideran incompatible con sus valores. Pero detrás de esa decisión aparentemente simple surge una pregunta más compleja: ¿el unfollow es un acto legítimo de conciencia política o una práctica que termina fortaleciendo las cámaras de eco digitales? Estas dinámicas que cada vez parecen coger más fuerza entre los usuarios, suponen nuevos retos para quienes hacen como para quienes apoyan campañas políticas en línea.

La evolución de la plaza pública a la pantalla

La transformación de la comunicación política ha sido evidente para Doris Bolívar Ebratt, exalcaldesa de Usiacurí, exsecretaria de la Mujer del Atlántico durante la administración de Elsa Noguera y candidata al Congreso en las elecciones de 2026. Su trayectoria política le ha permitido observar de cerca el cambio entre las campañas tradicionales y las estrategias digitales contemporáneas.

“Era una época en que las campañas políticas se hacían persona a persona, con discursos solamente en las tarimas, reuniones pequeñas y contacto directo con la gente” — Doris Bolívar Ebratt, Líder política

En aquel entonces no existían redes sociales y el acceso a medios masivos era limitado. La radio tenía una fuerte presencia en los hogares, mientras que la televisión y el teléfono seguían siendo recursos menos extendidos, especialmente fuera de las grandes ciudades. “Prácticamente era persona a persona la posibilidad de poder llegar a los votantes”, afirma Bolívar.

La situación comenzó a cambiar con la expansión de internet y, posteriormente, con la llegada de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Bolívar considera que estas plataformas democratizaron la comunicación política al reducir las barreras que antes separaban a los ciudadanos de quienes ocupan cargos de liderazgo.

“Hoy cualquier persona le puede escribir al presidente, a la gobernadora o a un alcalde y recibir una respuesta. Las redes sociales rompieron muchas barreras que existían entre las personas” — Doris Bolívar Ebratt

Durante su más reciente campaña electoral, las herramientas digitales fueron fundamentales para difundir sus propuestas y comunicarse con públicos específicos.

“Podía tener grupos de amas de casa y a ellas les podía enviar un mensaje acorde a lo que a ellas les podía interesar; como en otro podía tener médicos, en otro podía tener campesinos, en otro grupo solo mujeres, en otro grupo podía tener hombres y así a cada uno puedo de manera muy rápida entregarle mensajes acordes a esa población, acordes a sus intereses” — Doris Bolívar Ebratt

Sin embargo, esa misma capacidad de segmentar mensajes también refleja una característica central de la comunicación digital contemporánea: la posibilidad de construir audiencias cada vez más específicas, donde las personas reciben información adaptada a sus intereses y preferencias.

Cámaras de eco y polarización voluntaria

Los expertos en comunicación digital han denominado “cámaras de eco” a los entornos donde las personas se exponen principalmente a opiniones que confirman sus creencias previas. Las redes sociales facilitan este fenómeno por partida doble. Por un lado, los algoritmos priorizan contenidos similares a aquellos con los que el usuario interactúa con frecuencia. Por otro, las propias personas seleccionan a quién seguir y a quién excluir de sus espacios digitales.

El fenómeno también ha sido analizado desde la perspectiva de las conexiones sociales. En el estudio "Social Influence and Unfollowing Accelerate the Emergence of Echo Chambers" (2019), los investigadores concluyeron que mecanismos tan simples como dejar de seguir a personas con opiniones distintas pueden acelerar la formación de comunidades homogéneas y polarizadas en redes sociales.

No obstante, la relación entre diversidad de opiniones y polarización es más compleja de lo que suele pensarse. En el artículo titulado "Exposure to Opposing Views on Social Media Can Increase Political Polarization" (2018), publicado en PNAS, el sociólogo Christopher Bail y su equipo realizaron un experimento en Twitter en el que republicanos y demócratas siguieron cuentas con posiciones opuestas a las suyas. Los resultados mostraron que la exposición a ideas contrarias no necesariamente reduce la polarización; en algunos casos incluso puede reforzar las convicciones previas.

La ética del consumo digital y los límites personales

Para María Camila Vergara, psiquiatra y experta en educación emocional, escuchar opiniones diferentes puede ser una experiencia enriquecedora, pero existen límites relacionados con los principios personales.

“Yo creo que uno se enriquece mucho de conocer la opinión de otros, que opinen distinto, pero también hay que ver si los valores de uno están resonando con la persona. Porque si mis valores son la lealtad, el respeto o la honestidad, ¿por qué le estoy dando apoyo, tiempo o visibilidad a una persona que, por ejemplo, es corrupta o está en contra de los derechos humanos?” — María Camila Vergara, Psiquiatra

Su reflexión apunta a una distinción importante: no siempre se trata de rechazar ideas diferentes, sino de cuestionar si el respaldo que se otorga a determinadas figuras resulta coherente con los propios principios éticos. En ese sentido, dejar de seguir a alguien puede convertirse en una forma de establecer límites personales. Sin embargo, Vergara advierte que la situación cambia cuando la práctica se convierte en una respuesta automática ante cualquier desacuerdo. Escuchar perspectivas distintas, señala, es una oportunidad para ampliar la comprensión de la realidad, desarrollar pensamiento crítico y fortalecer la capacidad de diálogo.

La discusión también alcanza a músicos, actores, deportistas e influenciadores. Cuando una figura pública expresa una postura política controversial, muchos seguidores enfrentan un dilema: ¿es posible seguir disfrutando de su trabajo sin compartir sus opiniones? Para algunos, consumir contenido implica respaldar económicamente y legitimar a quien lo produce. Para otros, la obra puede evaluarse de manera independiente a las convicciones de su creador.

No existe una respuesta universal. Lo que sí parece evidente es que las redes sociales han convertido esta discusión en una decisión visible e inmediata. La opción del unfollow permite transformar una diferencia ideológica en una declaración pública de distancia.