INTRODUCCION AL CANGREJO AZUL

El cangrejo azul de tierra (Cardisoma guanhumi) muere ante nuestros ojos. Su hábitat se ha transformado en una zona de conflicto, donde cada día se intensifica la amenaza que podría llevarlo a desaparecer. En 2022, el Libro Rojo de Invertebrados Marinos de Colombia presentó los resultados de la segunda evaluación del riesgo de extinción de estas especies, en un esfuerzo liderado por INVEMAR y el Ministerio de Ambiente. En él se advierte que muchas de las áreas donde solía habitar esta especie han sido reemplazadas por infraestructura, mientras otras han comenzado a recibir descargas contaminantes, especialmente aguas residuales y todo tipo de presiones antrópicas.

Una de las problemáticas más visibles es la que ocurre en la Circunvalar de la Prosperidad. Durante las épocas de migración, cuando los cangrejos adultos se desplazan hacia el mar para reproducirse, se encuentran con un muro de concreto construido en el separador vial entre el corregimiento de la Playa y el sector de las Flores. Esta barrera interrumpe su ruta natural y los deja expuestos al tráfico constante. Muchos no logran cruzar, quedan atrapados en el asfalto y el paso de los autos termina por aplastarlos.

Mientras tanto los estudios hablan de nuestra indiferencia. En el trabajo de los biólogos Campos, Cardona y Valencia (2022), se determinó que las densidades más bajas de Cardisoma guanhumi se registran en zonas con alta intervención humana, cercanas a centros urbanos y con poco bosque conservado. El patrón se repite, donde hay fragmentación del manglar, construcciones cerca, cultivos intensivos o pérdida de cobertura arbórea, la especie disminuye. Aunque el cangrejo puede adaptarse, no todo lo que habita puede llamarlo hogar. Resiste, pero no prospera. Sobrevive, pero a un costo que va vaciando su presencia del paisaje.

Los problemas y la muerte de esta especie no son recientes. Vale la pena detenerse un momento y preguntarse: ¿cómo llegamos hasta acá? ¿Qué camino recorrieron estos pequeños seres para que desde hace casi una década la ciudad invadiera su hábitat y, con soluciones insuficientes, se autoconvenciera de que el deber estaba cumplido? Este es un recuento de los sucesos que desde entonces venían alertando sobre lo que se avecinaba. Más que para denunciar, para no olvidar

Para entenderlo todo hay que empezar por la construcción de la vía. La idea nació en 1997 como una iniciativa de la Gobernación del Atlántico, que buscaba mejorar la conexión entre el departamento y dar un impulso a los municipios alejados de la ciudad con la promesa de fortalecer el turismo y dinamizar la economía local. El proyecto fue aprobado en 2012 y desde el principio las expectativas eran altas. Los medios cubrieron el anuncio como una puerta abierta al desarrollo. La vida silvestre todavía no era tema de conversación.

Las expectativas pronto se convirtieron en frustración. Tras años de anuncios, inversiones y retrasos, el proyecto empezó a ser señalado como un elefante blanco. Aun así, algunos tramos sí se construyeron. Y fueron suficientes para alterar el equilibrio del ecosistema.

El 13 de diciembre de 2018, el boletín de prensa publicado por la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) anunció la entrega de 17 kilómetros de vía, de los 146,7 prometidos. Para ese entonces, ya existían advertencias por parte de habitantes del sector y organizaciones ambientales sobre la muerte masiva de cangrejos azules de tierra durante sus desplazamientos migratorios.

Reportajes de periódicos de la región mostraban testimonios de personas de la zona que solo podían decir: “por las noches, cuando estoy durmiendo, siento el ruido como si estuvieran aplastando cáscaras de huevo”, en referencia a los cuerpos de los crustáceos bajo las llantas.

En paralelo, el escándalo por la situación de la especie en la zona permitió visibilizar la actividad de “cangrejear”, realizada por pescadores del corregimiento de La Playa. Estos cazan al cangrejo azul para el consumo local y por su creciente valor gastronómico entre los turistas, muchas veces recolectándolos de forma indiscriminada. Cada septiembre, cuando las lluvias obligan a los cangrejos a abandonar sus madrigueras, estos se ven atrapados entre el concreto de la vía y las manos de los recolectores.

Después de una alerta enviada por la Secretaría de Medio Ambiente de Puerto Colombia, que denunció la alteración del hábitat en el tramo que une Las Flores con el corregimiento La Playa, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) estudió las afectaciones a la fauna de la zona. El recorrido no solo encontró huellas de cangrejos, sino también de otros animales que habitan en la Ciénaga de Mallorquín.

En situaciones así, se recomienda la construcción de un ecoducto o paso de fauna: un túnel que permita a las especies transitar sin riesgo. Pero al tratarse de zonas de cacería para comercialización, estos canales podrían convertirse en objetivos para los cazadores, interrumpiendo las migraciones. Entre finales de 2019 y 2020 no hay registros de avances en cuanto a la situación, pero probablemente debido a la pandemia las operaciones se detuvieron.

Es hasta el 23 de junio de 2021 que la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) implementó, junto con Ruta Costera S.A.S., un plan que le cedía a esta empresa privada la responsabilidad de construir, operar y mantener una vía durante un tiempo determinado. A cambio, puede recuperar su inversión, por ejemplo, con peajes o pagos del gobierno. Esta figura se llama concesión. Tuvo que pasar un año más para que, en enero de 2022, se hicieran efectivas estas medidas. Y, a pesar de lo expresado inicialmente sobre la inviabilidad de los pasos de fauna, se construyeron siete estructuras, junto con defensas de fibra de vidrio que impiden el paso de los cangrejos por la vía y los conducen hasta los túneles. Según el informe oficial, estos pasos son vigilados cada semana.

Es correcto afirmar que esto representa un avance, dada la condición a la que estaban expuestos antes, pero no es ni mucho menos una solución definitiva ni suficiente. En 2023, El Tiempo realizó un reportaje sobre la situación. Aunque se aplaudían las medidas, en la noticia la bióloga Adriana García expresaba: “Puedes hacer ciertas ayudas para que ellos pasen, pero no estás cubriendo toda el área de movilización de la especie. Se hacen acciones, pero no van a ser ciento por ciento eficientes por el tema de la especie”, dado que aún se podía apreciar que el osado peatón seguía falleciendo aplastado pese a las ayudas.

La situación de los cangrejos sigue rodeada por las mismas problemáticas de hace años. Se ha mitigado un poco su muerte masiva y la especie es considerada amenazada. Aún hoy se pueden ver noticias como la del 6 de abril de 2025, cuando la Policía recuperó 109 ejemplares que iban a ser vendidos en un mercado de Cali. Esto deja en evidencia que la caza ilegal también sigue siendo un riesgo latente.

El cangrejo azul sigue en peligro. No podemos olvidar lo que ha pasado todos estos años ni dejarnos convencer de que todo está bien. Aunque se han hecho esfuerzos, los animales siguen muriendo y su especie sigue amenazada. Solo si lo reconocemos, si nos duele y lo decimos en voz alta, evitaremos que este problema se borre de la memoria colectiva. Ya antes la atención pública logró una toma de acciones, pero no puede ser la última vez. Si de verdad queremos preservar esta especie, tenemos que seguir mirando, exigiendo y cuidando.