Por: Emily Soto

En el corregimiento Eduardo Santos-La Playa los niños no tienen más opción que jugar entre charcos de aguas negras. En este sector al norte de Barranquilla no hay un sistema de alcantarillado funcional, así que desde las terrazas y zonas peatonales se asoman tubos que sacan las aguas residuales de las casas hacia las calles, donde bajan decenas de metros hasta dar con la Ciénaga de Mallorquín.

Este corregimiento y el barrio Las Flores son considerados invasiones, es decir, ocupaciones ilegales. Sin embargo, debido a que estas comunidades llevan entre cincuenta a sesenta años en la zona, se han reconocido e integrado al área metropolitana de Barranquilla con todos los derechos, deberes y protecciones que esto implica. Muchas de las familias de la zona se han dedicado a la pesca por generaciones debido a la cercanía con la Ciénaga de Mallorquín, una labor que va más allá de lo económico y que ha construido una identidad alrededor de su relación con el manglar y las espacies que habitan ahí. Es por esto que las afectaciones de este ecosistema clave para el caribe colombiano se traducen en problemáticas directas para ellos.

Según la Comisión Técnica Interdisciplinaria realizada por el Ministerio de Ambiente para entender lo que ocurría en la Ciénaga de Mallorquín, entre los barrios La Playa y Las Flores hay 35.000 personas con altas tasas de pobreza. Muchas de ellas llegaron a este lugar por consecuencia de la migración y el desplazamiento forzado, y entre la comunidad se intercambiaron conocimientos para que los nuevos habitantes aprendieran a pescar para ganarse la vida. La respuesta de las autoridades ante el incremento de la población ha sido demasiado lenta para su velocidad de crecimiento, lo que se tradujo en una densificación del corregimiento La Playa y el barrio Las Flores en el año 2021.

Fuente: Recuperación integral de la Ciénaga de Mallorquín, Alcadía de Barranquilla, 2023

A pesar del reconocimiento histórico de las comunidades en la zona, los problemas de pobreza y falta de alcantarillado continúan sin una solución clara. En la Ciénaga de Mallorquín se vierten las aguas residuales de unas 1.200 familias, particularmente en el sector conocido como La Cangrejera, un barrio de La Playa conformado por algunos asentamientos de migrantes venezolanos. Esto no solo afecta la salud y el bienestar de los residentes de la zona, sino que representa un riesgo latente para la Ciénaga, que por sus particularidades es uno de los ecosistemas más frágiles ante la actividad humana.

En el Plan de Desarrollo Distrital 2020-2023 Soy Barranquilla, propuesto por el exalcalde Jaime Pumarejo, la apuesta por una biodiverciudad fue uno de los puntos más destacados. Es así que, en su administración, la ciudad se gira a ver a la Ciénaga con mucha más insistencia ante las ideas de Pumarejo. Por esto, se plantea un Programa de recuperación integral de la Ciénaga de Mallorquín, en el que los objetivos principales eran recuperar: “a) La calidad de agua del sistema estuarino de Mallorquín, b) el ecosistema del Manglar, c) las playas y d) la consolidación de un parque ecoturístico”, según el Plan de Desarrollo.

A pesar de que el programa hacía énfasis en el tratamiento del agua en la Ciénaga y la protección del ecosistema, pronto todos los focos se pusieron sobre la construcción del Ecoparque Ciénaga de Mallorquín como la figura que pondría fin a todos los problemas de la zona. No solo la promoción de este proyecto por parte de la Alcaldía Distrital enviaba este mensaje, sino también entidades como el Departamento Nacional de Planeación o el Ministerio de Ambiente al justificar el financiamiento del Ecoparque por los beneficios para la ciudadanía.

En la página web oficial del DNP, su director dice: “estamos recuperando una ciénaga que tenía muchas dificultades y es un cambio de paradigma para la zona pues cambia la relación de sus habitantes con el territorio y la sostenibilidad de los ecosistemas”. De igual forma, en el sitio web del Minambiente, el entonces ministro Carlos Eduardo Correa declaró: “este proyecto trae grandes oportunidades en el desarrollo y la vida de la gente. El Gobierno ha venido trabajando en una agenda ambiental y de cambio climático, y no solo con acciones, sino también para crear una política pública que perdure en el tiempo”.

Sin embargo, estos planes dejaban algo inquietas a las personas de las comunidades cercanas a la Ciénaga de Mallorquín, como data en un acta del año 2019 sobre la socialización del proyecto con las Juntas de Acción Comunal (JACs) y los líderes de la localidad Riomar. Ahí las principales inquietudes se centraban en: ¿qué pasaría con los pescadores de la Ciénaga? ¿Cómo se solucionarían los problemas de alcantarillado de los barrios? ¿Qué pasaría con el Arroyo León? ¿Cuáles personas de la comunidad trabajarían en el Ecoparque luego de su construcción?

Desde ese momento, las personas tenían una visión clara: el proyecto de recuperación de la Ciénaga de Mallorquín debía contar un enfoque social que beneficiara a las comunidades, donde se les diera solución a problemáticas importantes del territorio y donde debía priorizarse la descontaminación del ecosistema para luego enfocarse en la construcción del Ecoparque, así como socializarse de manera óptima las aristas y planes a seguir del proyecto con cada uno de los sectores involucrados.

Para el año 2024, cinco años después la socialización mencionada, queda por escrito en el informe de la Comisión Técnica Interdisciplinaria organizado por el Miambiente con respecto a la construcción del Ecoparque lo siguiente: “manifiestan líderes sociales, ambientales y pescadores del barrio Las Flores y el corregimiento Eduardo Santos La Playa que la planificación y construcción de este proyecto no contó con la participación de las comunidades locales. En estas mesas dijeron desconocer los detalles técnicos del proyecto y las implicaciones que podría tener en su territorio, especialmente en la actividad pesquera y el ecoturismo, de sus principales medios de subsistencia”.

Las críticas sobre la falta de mesas de diálogo con las comunidades del sector al respecto del proyecto siguieron durante esos años. Así lo ha denunciado en múltiples ocasiones en redes sociales el fundador de la Veeduría Mallorquín, Pablo Pachón. Ahí deja constancia de que la Alcaldía faltó sin previo aviso a reuniones de socialización con las comunidades y que las obras de construcción iniciaron con muy pocas personas informadas acerca de los verdaderos impactos y consecuencias que tendría el Ecoparque para ellos.

Así, la construcción del Ecoparque y la recuperación de las playas de Puerto Mocho se hizo sin tener en cuenta a las comunidades, como se prometía en sus inicios, pero esta no fue la única de las promesas que se rompieron por parte del Distrito de Barranquilla.

En el programa de recuperación se trazaron unos proyectos que Jaime Pumarejo se comprometía a terminar en su administración del 2020-2023. Entre estos se encontraba el Alcantarillado en sector “La Cangrejera” del Corregimiento La Playa, que para el 7 de octubre de 2023 se anunciaba la entrega de una primera etapa correspondiente al 60% del total de la obra para finales de ese año, y que en el 2024 se tendría listo el porcentaje restante. A día de hoy escrita esta nota, 1 de junio del año 2025, no se han entregado ninguna de las etapas del proyecto que se estimaba en una inversión de 21.000 millones de pesos por parte de la Alcaldía Distrital y de la Triple A S.A. E.S.P.

En un documento que evidencia el seguimiento por parte de la CRA (Corporación Regional Autónoma del Atlántico) al Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos (PSMV) del distrito de Barranquilla, se da fe de que los tiempos anunciados por parte de la Alcaldía Distrital y la Triple A S.A. E.S.P. para la entrega del sistema de alcantarillado de La Cangrejera fueron inverosímiles. La publicación del informe se hizo el 17 de octubre de 2023, diez días después de la publicación de avances del proyecto por parte de la Alcaldía en su página web.

En el informe de la CRA se dice que: “durante la visita técnica de seguimiento y control ambiental realizada el 7 de septiembre de 2023 (...) se observó que se está desarrollando el proyecto de instalación de redes de alcantarillado y EBAR del barrio La Cangrejera en el corregimiento La Playa, con un avance en la EBAR del 50% aproximadamente en su fase I.”

La EBAR hace referencia a la Estación de Bombeo de Aguas Residuales, la cual si bien constituye una parte crucial para el desarrollo del sistema de alcantarillado, no corresponde a un gran porcentaje de avance total en el resto de la obra, como se aprecia en la siguiente tabla:

La EBAR hace referencia a la Estación de Bombeo de Aguas Residuales, la cual si bien constituye una parte crucial para el desarrollo del sistema de alcantarillado, no corresponde a un gran porcentaje de avance total en el resto de la obra, como se aprecia en la siguiente tabla:

Fuente: AUTO N 979 2023 de la C.R.A

En el informe de la CRA se concluyó que los avances generales en la instalación de redes de alcantarillado del barrio La Cangrejera eran de un 26.14% con respecto a lo que se tenía planeado por parte de Triple A S.A. E.S.P. Aun así, la fecha de finalización de la obra apuntaba al 1 de enero del 2024. Por otro lado, la Corporación da cuenta de que el proyecto Medida de Mitigación sobre Ciénaga de Mallorquín planteado por parte del Distrito de Barranquilla no había siquiera empezado su ejecución.

Es así que los dos objetivos principales del Plan de Recuperación Integral de la Ciénaga de Mallorquín (la recuperación de la calidad de agua del sistema estuarino de Mallorquín y del ecosistema del Manglar) quedaron a la deriva en las manos de la administración de Jaime Pumarejo y no llega a una respuesta concreta en la administración actual de Alejandro Char (2024-2027).

Las preocupaciones de la comunidad desde las primeras y pocas socializaciones del proyecto las ha validado el paso del tiempo: Barranquilla se ha convertido en una biodiverciudad gracias a la construcción de sitios ecoturísticos, pero este solo es un título vacío ante la exclusión de participación en las comunidades de la zona y la falta de ejecución de proyectos para la descontaminación de la Ciénaga.

Luis Ávila, secretario de Asoplaya, la asociación de pescadores más grande y antigua del sector, es severo con el futuro que ve para el ecosistema: “la Ciénaga así como va, si no tiene una intervención fuerte del Estado, desaparece”.

Y con la Ciénaga, muchas personas del Corregimiento quedan desamparadas. Los pescadores serían los más afectados y lo han sido durante muchos años. Ya no tienen ni una cuarta parte de lo que antes era la Ciénaga de Mallorquín, comenta. Debido a la adquisición de terrenos, al relleno para seguir con las invasiones en la zona y la tala del bosque para construcciones como Ciudad Mallorquín, la Ciénaga se ha hecho más pequeña, pero también menos profunda.

Es por esto que ya no pescan tanto como antes y las especies como la lisa ya no crece en este sector. Hoy solo viven mayormente del camarón y de caracoles. Para Luis Ávila la pesca dejó de ser rentable desde hace unos quince o veinte años. La pesca ilícita que prolifera en la Ciénaga disminuye todavía más la posibilidad de atrapar algo de valor entre las atarrayas. El ecoturismo y nuevos proyectos de piscicultura son las alternativas que han podido encontrar los pescadores para seguir viviendo de lo que saben hacer, pero incluso esto ha traído sus problemas.

“En Asoplaya desde antes de pandemia estábamos haciendo ecoturismo, pero a raíz de que salieron un montón de asociaciones de papel, porque no son de pescadores, se han sumado a hacer ecoturismo también. Y eso le está quitando la oportunidad al pescador”, menciona Luis Ávila ante la creciente ola de organizaciones que se dedican al turismo en la Ciénaga sin conocerla. Algo parecido ocurre con el Ecoparque: “no ha conllevado a mejorar a la ciénaga, ni mucho menos al pescador porque no lo ha tenido en cuenta para nada. Nosotros le hemos pedido inclusive capacitación. ¿Quién más puede ser guía ambiental, guía turístico, si no son los pescadores que conocen la Ciénaga como la palma de la mano?”

Sin embargo, no han sido escuchados, así que simplemente ofrecen sus lanchas y servicios a los turistas de la zona y les dan un paseo por la laguna sin detenerse o acercarse mucho al Ecoparque. Tampoco pueden pensar en desembarcar en Puerto Mocho, pues lo tiene prohibido. Desde la Alcaldía se fomenta la compra del pasaje del Tren de Las Flores para llegar a la zona y así, además de recoger el dinero, pueden saber cuántas personas visitan el lugar.

Ante un panorama tan difícil, muchos pescadores renuncian y deciden dejar las redes para tomar los martillos y ponerse a trabajar en la albañilería. A veces encuentran trabajo en sitios como Villa Campestre y solo así logran llevar el sustento a sus casas. Sin embargo, cuando vuelvan a ellas, puede que el olor entre las calles les recuerde a las promesas que quedaron sin cumplir, y el color verdoso que baja por el cemento los haga pensar en el lugar al irán a parar esas aguas sucias una y otra vez. Al menos así será hasta que un día la Ciénaga de Mallorquín ya no esté ahí.

CHARLA DE ACTIVISMO VERDE

PODCAST COMPARATIVA: CIUDAD MALLORQUIN VS ALAMEDA DEL RIO

Por: Joan Consuegra