No todos los refugiados cruzan mares; algunos, como los palestinos, cruzan siglos de historia buscando un lugar donde la guerra no los alcance, a veces, a la vuelta de su hogar. Colombia no es la primera opción de los palestinos para la migración, porque no es el país próximo para socorrer a los migrantes. Los palestinos que pueden llegar a Colombia lo hacen porque tienen los recursos para hacerlo o tienen familias que ya estaban establecidas en el país, en este caso, en Barranquilla.
Los palestinos están pasando por un momento crítico en su historia y, como colombianos, aunque quisiéramos darles más oportunidades y refugio, es difícil por la posición geográfica y política en la que se encuentra nuestro país.
Para nadie es un secreto que Colombia es subordinada de Estados Unidos. Tampoco es un secreto que Estados Unidos, en alianza y protección a Israel, no permitiría que uno de sus países “aliados”, como Colombia, permita el refugio y el libre flujo de palestinos hacia el país. Esta es una situación desafortunada, pues las políticas migratorias colombianas (según el Decreto 2840 de 2013 y el Ministerio de Relaciones Exteriores) establecen que toda persona que solicite refugio en Colombia puede recibir un salvoconducto de permanencia gratuito y prorrogable mientras se resuelve su solicitud ante el Ministerio (art. 9).
Es un hecho lamentable que, teniendo esta política, no seamos la primera opción de los refugiados. El economista Pedro de la Puente, de la Universidad del Norte, explica que la situación actual en Medio Oriente no genera un flujo migratorio significativo hacia América Latina ni hacia Colombia, debido a que el país está fuera de esa red migratoria desde hace varios años. En Colombia ya existen comunidades árabes establecidas (cristianas y musulmanas) principalmente en Maicao, Barranquilla y Cartagena. Sin embargo, aunque estas comunidades ya estaban conformadas en el país, no significa que sean el primer destino de aquellos que provienen de las mismas raíces.
La teoría de migraciones del conflicto, expuesta en el libro Escape from Violence de Aristide R. Zolberg, Astri Suhrke y Sergio Aguayo, explica que estas migraciones derivan de las relaciones políticas fracturadas en los territorios afectados. Más allá de eso, se entiende que los refugiados son los síntomas humanos de los conflictos políticos internos y de las fracturas del sistema internacional”, según Zolberg. En ese sentido, el conflicto palestino-israelí representa un claro ejemplo de esta teoría: los palestinos no solo se han desplazado hacia los países fronterizos o más cercanos, como Egipto, sino que además han sufrido el usufructo político de su territorio.
Colombia, aunque no es un país clave para la migración palestina, sigue siendo una opción viable para migrantes y refugiados. Sin embargo, es imposible ignorar que en nuestro propio territorio vivimos una pesadilla similar: las secuelas del conflicto armado interno y la persistente corrupción.
Así, la solidaridad con el pueblo palestino no solo debería ser una aspiración diplomática, sino también una reflexión sobre nuestras propias fracturas sociales y políticas. Porque comprender el dolor del otro, desde la distancia y la empatía, también es una forma de reconocer nuestras heridas y aspirar a una paz más justa y universal.

