“Yo soy Betty, la fea” es la producción colombiana que conquistó al mundo, logrando ser transmitida en 180 países y teniendo 28 adaptaciones a nivel mundial. Su personaje principal, Beatriz Pinzón Solano, sufre del rechazo y machismo, por no cumplir el estándar de belleza que impone la sociedad hacia las mujeres. Betty, junto a más personajes, como el cuartel de las feas, Don Armando, Patricia Fernández, Hugo Lombardi, entre otros, van mostrando de una forma cómica, directa y entretenida cómo se vive la distinción de género en la sociedad, que aún en el día de hoy sigue vigente.
Ya perdí la cuenta de cuántas veces he visto “Yo soy Betty, la fea”, pero todas esas veces he sentido la misma emoción que la primera vez. Fernando Gaitán logró que los espectadores empaticen y conecten con Betty, o que sientan ya sea cariño u odio hacia los demás personajes que tenían diferentes realidades y personalidades.
Esta novela hace una crítica tapada con comedia, mostrando las diferencias del trato hacia los hombres y hacia las mujeres. Como afirma la doctora en sociología y licenciada en Ciencias de la comunicación, Giuliana Cassano, en su investigación sobre las telenovelas desde el género, Betty usaba la comedia para poder tocar temas difíciles de la realidad.
Empezaré hablando del trato hacia las mujeres. Principalmente nos ilustra cómo se les da su valor por el físico, ejemplos en la novela puede ser, cuando en los primeros capítulos el encargado de conseguirle una secretaria al dueño de la empresa, le da el trabajo a Patricia Fernández, que no tiene experiencia laborales y tampoco estudios terminados, en vez de dárselo a Betty, que tiene títulos y experiencia, con la excusa de que Patricia es más bonita; también se puede ver cómo el vigilante de la empresa tiene un trato amable con las modelos pero de desagrado con Betty; o cómo al grupo de mujeres que no cumplen con su prototipo de belleza las conocen en la empresa como “El Cuartel de las feas”. Estos y muchos acontecimientos más que pasan en la novela nos ilustran sobre cómo la sociedad obliga a las mujeres a que cumplan unos estándares de belleza para no sufrir rechazo.
Sin embargo, a los hombres se les da su valor por el dinero y el cargo laboral, se puede notar en Patricia Fernández que no le presta atención a Nicolás Mora hasta que piensa que él es millonario y dueño de Terramoda; cómo a Freddy lo rechazan las mujeres por ser el mensajero de Ecomoda y no ganar mucho dinero; cómo a Armando y Mario les llueven las mujeres por ser el presidente y vicepresidente de la empresa. Algo que sigue pasando en la actualidad, los hombres tienen más presión para conseguir un buen empleo y ganar dinero.
También se puede notar la distinción de género con el personaje de Aura María, que no es respetada por muchos personajes de la novela que la conocen como una mujer libertina por tener una vida sexual activa siendo soltera, mientras que los hombres de la novela también tienen una vida sexual activa, pero a estos no se les juzga.
Muchos actores de la novela, como la protagonista Ana María Orozco, en una entrevista para el periódico El país, y Jorge Enrique Abello en el programa La Tele Letal, han afirmado que la novela sí es machista y homofóbica pero que se sigue viviendo esas situaciones en la sociedad, y eso es lo que trata de enseñar la novela.
Todos estos acontecimientos sexistas siguen vigentes en la sociedad actual, aunque no hay que negar que actualmente no quedaría bien hacer una producción así, por los avances que ha tenido la sociedad, pero seguimos en ese proceso de avanzar, por eso pienso que Betty es una novela creada en el año que debía ser, y que actualmente a sus 21 años de haberse estrenado, plataformas como Netflix dan la opción de poder verla para permitirnos concientizar y hacer una crítica de cómo era el trato hacía las mujeres y hombres, antes y ahora, lo cual nos puede servir para seguir progresando como sociedad.
