Por: Sophia Cortés
Qué pasa cuando no se trata de una cuestión laboral, cuando no se trata de una razón económica o de verse obligados a causa de la violencia. Por qué se sigue dando una migración por razones ajenas a las anteriores, porque si la situación podría considerarse más óptima en Colombia que en otros períodos, el siglo XXI es aquel que más ha sido marcado por la movilización. La cultura migratoria no habla de solo factores sino de una percepción que invita a la construcción de un futuro en otro país porque la tierra natal no los satisface.
Desde el año 2000 en promedio cada 5 años están emigrando 397 mil colombianos. Y aunque aquel que emigra es el que cuenta, no se trata solo del que logra irse sino también de aquel que ha pensado en irse. La Comisión Económica de América Latina (CEPAL) muestra en su base de datos que el 29% de la población en Colombia se le ha cruzado por la mente irse del país. Entre más jóvenes mayor es el porcentaje, de 18 a 29 años al menos el 37% lo ha pensado mientras que de los mayores de 60 se reduce al 15%. No es sorpresa el preguntar en un aula de clases de colegio o de universidad quienes quisieran irse del país y que sean pocos los que no levanten la mano.
Hablar con exactitud de un número de colombianos que emigraron no es posible. Según la fuente consultada y el año hay distintas aproximaciones. El Dane para el 2022 informó que solo 1.046.162 colombianos reportaron residir en el exterior a través del registro consular. A partir de los anuarios de entradas y salidas desde el 96’ al 2019 se calcula que 2 millones 224 mil de colombianos que pasaron por Migración Colombia para salir no volvieron. La Cancillería tiene los datos de 648.718 de ellos. El estipulado más cercano es el que da las Estadísticas Internacionales de Migrantes de las Naciones Unidas, parecido al del estudio migratorio del BID, con un registro para el 2020 de 3 millones 24 mil colombianos viviendo fuera del país que cada año va en aumento.
Objetivo: mejor calidad de vida
La actualidad permite irte al otro lado del mundo cuando antes era difícil imaginarlo y sentir más de cerca tu país aunque estés lejos. Se compra la idea de que por fuera se tiene una vida mejor, la idea de que en el otro, el vecino o ni tan vecino, sí se puede lo que en el mío no. No equidista la idea de lo que los números nos dicen. Colombia es el quinto de los ocho países sudamericanos evaluados por Numbeo en índice de calidad de vida y el número 71 de la lista de 87 países superando únicamente a dos de los destinos con mayor presencia colombiana como lo son Chile y Venezuela, de resto, todos lo superan por mínimo 30 puntos. Los aspectos evaluados son el poder adquisitivo, la seguridad, la sanidad, el costo de vida, la relación precio/ingreso para propiedades, el tiempo de desplazamiento en tráfico, la contaminación y el clima.
Los colombianos suelen irse a naciones más desarrolladas o con una proyección próspera. Venezuela aparece dentro de los países con mayor número de colombianos, por lo que para algunos suena paradójico pero este no es un destino reciente o al que recurren ahora los colombianos. Este fue el destino en la segunda ola migratoria para los años 80’ cuando Venezuela, si hacemos memoria, fue un país rico, considerado como el millonario de América. Realidad que es lejana al presente por lo que cada vez la cifra de residentes colombianos va disminuyendo pero sigue teniendo la mayor presencia de emigrantes.
Otros países diferentes a Estados Unidos y España, destino de las pasadas olas, con mayor número de colombianos son Ecuador, Canadá, Italia, Reino Unido, Panamá, Francia, Alemania y Australia. Las opciones se diversificaron, no hay un limitante o un solo camino. Entre más opciones que se crean viables más son los que se ven interesados en considerar la posibilidad.
Una cultura de colombianos insatisfechos
En un principio aquellos que emigraban eran la clase baja y luego se incluyó la clase media baja pero ya no se trata de una decisión exclusiva de ciertos estratos. Se habla del colombiano sin distinción. De ese que explora una realidad distante en vez de apropiarse de su misma patria. Se refiere con propiedad de su país, el que lo enorgullece pero si puede evitar vivir su vida en él lo hace. Si tan solo tuviera lo que tiene el otro, si tan solo fuera como el otro se podrían quedar. Y si se quedan está el anhelo de haberse ido y no haber podido. No todos pueden, no todos lo logran.
En la coyuntura política actual, en las redes sociales y medios de comunicación muchos colombianos expresaron que si ganaba Petro se iban del país. Aunque es muy pronto para saber cuántos cumplieron su palabra o cuántos lo harán al terminar el año o durante los cuatro años de gobierno por delante, su primer instinto fue huir, no quedarse. Ante lo que consideran una amenaza colectiva su reacción fue individualmente ver cómo se las arreglaban. ¿Y Colombia? Suerte. En lo que va del año aproximadamente 500 mil colombianos han salido del país y no han regresado.
“Vivimos en un continente que huye de sí mismo: que no hemos sabido construir para quedarse”, dice Martín Caparrós en Ñamerica, en donde trata de entender la América Latina de ahora. El fenómeno cultural no es exclusivo de Colombia. Emigrar es una declaración abierta del haber desistido de luchar por el país respectivo, por el eso que busca afuera pueda tenerlo aquí.
La búsqueda de un todo por fuera, de una mejor calidad de vida. De un sentimiento encontrado que les parece vale la pena aunque en sus inicios las comodidades sean menores, el beneficio es algo que no compra el dinero: la esperanza y la percepción de una vida mejor con mayor tranquilidad y oportunidades.
Por una juventud mejor, una con más campo; por una mejor adultez, una en la que se puede hacer familia; por una mejor vejez, una en la que no hay preocupaciones; por una mejor…
El sueño de volver no se desvanece. El que emigra y deja atrás a su familia no rompe el vínculo con la tierra que lo vio nacer. Pero el plantearse volver no de visita sino para quedarse es una cuestión distinta. Es un proceso de reconciliación con la patria, de abrazar nuevamente a tu país que por sus carencias buscaste en otro lugar pero vuelves porque sigue siendo tu hogar. No es tan común después de haber encontrado lo que buscaba retornar a donde no se tiene. La opción la contemplan bajo el parámetro de tener una oferta similar de lo que gozan por fuera, o el mero hecho de obedecer el sentimiento de nostalgia que arrastra el extrañar una Colombia imperfecta pero que se mantiene en mente y corazón.