Funeraria Jardines de la Eternidad

Los restos de un bien de interés cultural: la decadencia de Jardines de la Eternidad

Por: Natalia Nigrinis De La Ossa

Según el Ministerio de Cultura colombiano, un bien de interés cultural es un monumento nacional que representa un interés especial en la ciudad donde se encuentre ubicado. Lo inusual es, que un monumento sea catalogado como bien de interés cultural, y actualmente, pasen más días donde este siga abandonado. La Funeraria Jardines de la Eternidad en el barrio el prado, específicamente ubicada en la calle 53, siempre ha sido objeto de atención gracias a su tipo de arquitectura. Para nadie es un secreto que el barrio el prado es hogar de joyas arquitectónicas de la ciudad, donde cada una de las construcciones que la conforman resalta entre las demás por algún aspecto que tengan de diferentes entre sí. En el caso de la funeraria, su diseño es descrito como renacentista y arquitectura neoclásica. Sin embargo, es triste la situación actual de la funeraria. La mansión ya no es ni un pedazo de lo que fue en el año 1920, cuando fue construida por primera vez. Con sus paredes que pasaron de ser blancas a estar grises por la suciedad, ventanas sin vidrios ni rejas, césped y árboles sin podar, basura recolectada que se ha convertido en parte del paisaje del lugar y pisos sin baldosas, la funeraria es hoy hogar de fantasmas, y ejemplo del descuido del que actualmente es el barrio. Juan Pablo Maestre, profesor de arquitectura de la Universidad del Norte y experto en el Barrio el Prado, describe la arquitectura del barrio como “de estilo neoclásico con grandes retiros sobre la Calle 53 y la Carrera 53, dejando ver en sus fachadas un detallado trabajo de ornamentación y unos grandes ventanales cuadrados”. Además, hace énfasis en que la zona donde está construida la mansión que hizo después de funeraria hizo parte de “grandes zonas de retiros sobre los frentes y laterales de los predios, generosas estancias interiores, ornamentación principalmente hacia los estilos neoclasicistas e historicistas con una fuerte connotación ecléctica.” Llena de escombros, restos de paredes, tierra, basura, bolsas plásticas, y sofás rotos, lo que sigue siendo llamado como un bien de interés cultural, es hoy una duda que de vez en cuando resuena en las conversaciones de los barranquilleros, porque es imposible no pensar que fue lo que pasó con esa mansión. Según Christian Zuleta, residente del barrio, la funeraria siempre ha sido objeto de críticas, opiniones y sentimientos encontrados para los que han vivido en el Prado por mucho tiempo, ya que con el pasar de los años, este icónico lugar en el desarrollo del barrio, ha decaído. Ahora bien, la pregunta del millón siempre será: ¿quién está a cargo de este bien de interés cultural? ¿por qué no hace nada para arreglarlo? y aunque todavía esas preguntas no tengan respuesta, la funeraria, hasta que se intervenga, seguirá siendo hogar de historias fantasmales. De esas tantas historias de fantasmas que dejó el prado.

Fotografía por: Juan Camilo Romero