Influlitica: cómo los influencers están moldeando la opinión pública y el voto
Por: Carlos Rincón
Sebastián Blanco es un joven cartagenero que además de ser politólogo y asesor político, también se desenvuelve como influencer de política en Instagram, red social en la que cuenta con más de 14.500 seguidores al momento en que se escribe este artículo. Desde que lo conozco, a través de amigos en común, he visto cómo en sus redes habla abiertamente de la política colombiana y sobre todo de la política cartagenera, en reels en los que hace veeduría y comenta sobre situaciones que pasan en el país, la región y la ciudad. Es, en cierta forma, exactamente el tipo de persona sobre la que trata este artículo.

[El cartagenero tiene una audiencia de 27 mil seguidores entre Instagram y Tik Tok ] Foto: Sebastián Blanco
Me reuní con él virtualmente para entender el fenómeno desde adentro: cómo percibe un politólogo que también crea contenido la relación entre redes sociales y política. Le pregunté si consideraba que los influencers realmente estaban informando sobre política, o si en su ejercicio lo que hacían era simplificar demasiado temas que por naturaleza tienden a ser complejos.
Para Blanco, los creadores de contenido digital ya no son actores marginales en la política: son parte del ecosistema de formación de opinión pública. El problema, advierte, es que no todos informan con rigor. Muchos traducen los asuntos públicos en contenido rápido y emocional que, aunque fácil de consumir, simplifica problemas que son por naturaleza complejos.
"El contenido político en redes tiende a reducirse a narrativas de buenos y malos, frases virales e indignación pasajera. Esto no es casualidad: las lógicas algorítmicas empujan hacia la simplificación, y esa simplificación termina distorsionando la forma en que los jóvenes entienden la política y los problemas públicos."
Teniendo en cuenta su respuesta, me surgió una duda. Muchas veces los influencers que opinan sobre política se escudan en que lo que están haciendo es un ejercicio de participación ciudadana, entonces le pregunté si sería válido considerarlo así o si es más bien un acto irresponsable.
"No es lo mismo opinar desde una cuenta pequeña que hacerlo desde una plataforma con cientos de miles de seguidores. A esa escala, la influencia es real y las redes se convierten en un campo de disputa del poder. Y cuando alguien entra a ese campo sin asumir la responsabilidad que implica, la participación ciudadana puede convertirse en desinformación."
Blanco no lo ve como un problema de la democracia en sí mismo —opinar es participación ciudadana — pero sí como un riesgo cuando esas opiniones llegan sin contexto, sin rigor y sin conciencia del impacto que tienen sobre audiencias masivas.
Una de las situaciones más preocupantes relacionadas con este fenómeno es la publicidad política pagada que no se anuncia como tal. Blanco señala que cada vez más administraciones distritales y departamentales contratan creadores de contenido e influencers para promover su gestión usando presupuesto público.
"Son contenidos políticos que se transan mediante presupuestos públicos y no están declarados como tal", advierte.
Lo que hace esto especialmente grave es la brecha entre lo que la audiencia percibe y lo que realmente ocurre. "La audiencia cree que está viendo una postura auténtica cuando en realidad hay un interés o un vínculo económico detrás", explica. Y en un entorno donde la confianza en los creadores supera a la de los medios tradicionales, el efecto se multiplica. Es, en sus palabras, "una forma de publicidad que opera de manera silenciosa, que moldea percepciones sin que la gente lo note".
Para cerrar la entrevista le hablé sobre algo que me parecía especialmente relevante en un país como Colombia, con tasas históricas altas de abstención: la influencia que pueden tener estos creadores de contenido no solo en la decisión de por quién votar, sino en la decisión misma de acercarse a las urnas.
Para Blanco, eso sí representa un problema público. Aunque reconoce que toda participación política es válida dentro de la democracia, advierte que existen unos mínimos: rigor informativo, manejo responsable de los datos y conciencia del impacto sobre las audiencias.
"Cuando no se cumplen esos mínimos, cuando se está desinformando y esa desinformación está influyendo en decisiones tan importantes, sí se convierte en un problema público. El agravante es que en Colombia ese fenómeno todavía no está regulado. Es un reto mayor que tenemos como sociedad colombiana con respecto a la desinformación."
Desde la aparición y democratización de las redes sociales, el traslado de la vida política a estas esferas ha sido un fenómeno bastante analizado y discutido. Sin embargo, a pesar de que se han impuesto diversas normas y leyes respecto a la información y la publicidad política que circula en redes sociales, debido a la magnitud y novedad del fenómeno, el alcance tanto de la legislación como de la regulación se ha visto bastante limitado.
Son muchos los casos de creadores de contenido que intentan influenciar y persuadir a sus audiencias, ya sea porque recibieron un pago, un contrato o, en algunas ocasiones, porque no miden el alcance que sus palabras pueden tener en quienes los consumen.
Conversaciones como la que sostuve con Sebastián, quien se mueve en este ámbito y conoce del tema, dejan en evidencia la necesidad de ampliar el alcance de la regulación de este fenómeno que, aunque se presenta como un ejercicio de opinión ciudadana, en un medio tan grande y aún creciente como las redes sociales, ¿qué tan profundo puede llegar a ser su impacto en la opinión pública cuando su crecimiento sigue superando la capacidad de regulación?
