Entre aguas turbias y promesas rotas: la crisis que golpea al barrio Las Flores

Foto realizada por Natalia Rodriguez




En un barrio ubicado a las orillas del río Magdalena, situado alrededor de manglares y calles que respiran humedad por las aguas estancadas y falta de alcantarillado, los habitantes del barrio Las Flores, ubicado en la localidad Riomar de Barranquilla, enfrentan una problemática fuerte contra la contaminación hídrica y la falta de acceso a agua potable que pone en riesgo la salud, la dignidad, el derecho al agua limpia y el futuro de cada una de las personas pertenecientes a la comunidad.
El barrio Las Flores, contiene dentro de él una gran historia de lucha y abandono, desde su inicio ha sido complicado poder contar con todo lo necesario para poder tener una calidad de vida digna. Este mismo fue creado mediante una invasión en el año 1930, fue fundado por familias que querían poder tener un lugar para crear un hogar donde pudieran realizar sus vidas y llegaron en busca de tierra y sustento. Estos mismos deforestaron, sembraron y construyeron sus primeras casas hechas de cualquier material que fuera “resistente”, así sea madera, cemento, etc.

En los inicios de la creación del barrio no había ningún servicio, no existía el agua, ni la luz, ni calles, lo único que existía era ese deseo de crear un hogar y de habitar ese lugar al lado del río Magdalena y la Cienaga de Mallorquín. A pesar de que han pasado más de 50 años de la creación del barrio, siguen prevaleciendo muchas de las malas condiciones de vida que existían desde el inicio de su nacimiento, esto siendo una causa de la expansión urbana sin límites y la indiferencia institucional. Por ello, es claro afirmar que la comunidad que pertenece a las Flores enfrentan una gran crisis de acceso al agua potable, falta de alcantarillado y acueducto en diferentes zonas del barrio. Estos recursos que deberían estar garantizados por las entidades gubernamentales se han convertido en diferentes desafíos diarios a los que la comunidad debe adaptarse, ya que se ha normalizado el hecho de abrir la llave, y que no salga ninguna gota de agua o en su defecto salga un poco amarilla, a veces marrón. Esto deja ver una falta en el servicio del agua y una problemática en el sistema del alcantarillado, todo esto conlleva a diversas consecuencias que elevan la amenaza que existe contra la salud, la dignidad y el derecho a una vida digna de cientos de personas pertenecientes al barrio.

Es irónico que sin importar que alrededor de ellos están dos cuerpos de agua, que son la Cienaga de Mallorquín y el río Magdalena, muchas de las casas ubicadas en la zona no tienen presencia de conexión al sistema de alcantarillado ni cuentan con un flujo adecuado de agua potable. “Últimamente la calidad del agua ha cambiado bastante. Cuando llega, viene amarilla, marrón… A veces da miedo tomarla, pero no hay de otra”, cuenta Jennifer Nieto, una de las residentes del barrio.
Ante la dificultad que presenta el servicio, las familias deben hervir el agua o almacenarla por días, asumiendo los riesgos sanitarios que esto puede significar e impactar en su calidad de vida. Las consecuencias sanitarias son inmediatas: diarreas, vómitos, cólicos, enfermedades de piel. Los niños y adultos mayores son los más vulnerables. “Toca hervir el agua, pero igual muchos se han enfermado”, comenta Jennifer Nieto. Las casas, constantemente humedecidas, se deterioran más rápido, y los malos olores de aguas negras estancadas inundan el ambiente.

Foto realizada por Natalia Rodriguez




Al momento de empezar a profundizar en la problemática, te encuentras con sectores como El Chipi, en donde la crisis se va agravando con el pasar del tiempo. Una parte de las viviendas no tienen acceso al sistema de alcantarillado y, a pesar de ello, reciben facturas mensuales hasta de valores como de 400.000 pesos, no muchos lo pagan. “Están cobrando por un servicio que nunca se presta. No hay agua suficiente, no hay alcantarillado, y aún así nos cobran”, denuncia Ximena Carrillo, habitante del sector.

La deficiencia de la infraestructura hace parte de la problemática y la invasión en ciertas zonas hace complicado un mejor servicio de alcantarillado, acueducto y agua. Asimismo, la poca cantidad de agua que sale en las viviendas a veces es tan baja que algunos hogares deben esperar horas para que llegue un chorrito o pasan horas con una presión mínima de agua. La Junta de Acción Comunal ha intentado implementar soluciones como motobombas, de alguna forma ha funcionado, en la calle del Arroyo, calle 109, y la calle del Chipi, calle 110, muchas casas utilizan los mecanismos de bombas para obtener el recurso hídrico, pero no son suficientes. “Hay días en que llega solo hasta la mitad de la pila. A veces viene sucia, y uno igual la guarda porque no sabe cuándo va a volver”, agrega Jennifer.

Toda esta situación es complicada, pero hay que sumarle algo más, y es el estado ambiental en el que se encuentra el barrio, puesto que hay calles convertidas en canales de aguas negras, residuos sólidos vertidos sin control en pequeñas veredas de agua, esto compone un paisaje de contaminación y abandono institucional pero también ciudadano. Asimismo, si le agregamos el incremento a sus alrededores de empresas industriales, la falta de mantenimiento de las redes de saneamiento y la ausencia de políticas públicas efectivas esto en conjunto ha desencadenado que se incremente la contaminación hídrica en la zona de Las Flores.

Foto realizada por Natalia Rodriguez




Estos problemas no solo hacen parte de Las Flores, debido que según los datos más recientes de Barranquilla Cómo Vamos (2024), el 17.4% de los ciudadanos en la ciudad se declara directamente insatisfecho con el servicio de agua, mientras que otro 22.9% se mantiene en una postura neutra, lo que evidencia que existen dudas, sentimientos y experiencias negativas, dejando claro que no es un servicio perfecto y debe encontrar mejores estrategias para brindar seguridad y calidad de vida a todos los habitantes por igual sin importar su estrato socioeconómico. Aunque más de la mitad de la ciudadanía asegura estar satisfecha, el porcentaje (58.92%) sigue siendo bajo en comparación con servicios como el gas, esto muestra que hay una crisis estructural en la calidad y cobertura del agua. Esto refleja una falta de confianza generalizada en el recurso que llega a los hogares.
Peor aún, el hecho de saber que la población parece haber aprendido a resistir con el abandono gubernamental respecto al tema del acceso digno al recurso del agua, esto se puede observar en que sólo el 30.7% considera los servicios públicos como una prioridad principal en la gestión pública, lo que podría reflejar una normalización de la precariedad y la poca consciencia que existe en lo que realmente es la calidad de vida que merece tener un ser humano.


La historia no deja de repetirse debido a la falta de compromiso que se demuestra en cada nueva administración local, porque a pesar de hacer visitas técnicas, promesas de soluciones, campañas educativas, no existe ningún cambio, ni se evidencia ninguna solución. “Uno se queja, va a la junta, escribe a la Alcaldía. Siempre dicen que sí, que van a solucionar los problemas, pero en realidad no solucionan nada. Solo toman nota y se van”, comenta con resignación Jairo García, joven abogado del barrio.

El ingeniero ambientalista Aymer Maturana, profesor de la Universidad del Norte, especialista en tecnologías de tratamiento de agua, ha estudiado casos parecidos al de Las Flores. La crisis demuestra ser una combinación peligrosa según su análisis, ya que presenta un déficit estructural, conexiones irregulares, vulnerabilidad ambiental y ausencia de planificación institucional. Muchas viviendas, al no estar formalmente legalizadas y ser consideradas como una invasión, quedan por fuera de los planes oficiales de infraestructura, convirtiéndo esto en un problema para algunos miembros de la comunidad. Por esto mismo, este reportaje transmedia desea iniciar una serie de diferentes contenidos que buscan visibilizar la crisis sanitaria y ambiental que está implícita dentro del barrio Las Flores. “Sed en la orilla” es un especial periodístico transmedia que utiliza las voces de líderes sociales, jóvenes, madres cabeza de hogar y activistas que enfrentan día tras día las consecuencias de esta problemática ambiental. Todos los contenidos se representarán a través de múltiples formatos como lo son los documentales, podcast, crónicas, reportajes gráficos, infografías y testimonios.


Este especial no solo busca informar a la población sobre las dificultades que atraviesa el barrio, sino que invita a participar, a entender y a actuar, todo con apoyo de una narrativa construida a partir de datos, imágenes y relatos humanos. Este proyecto busca crear visibilidad a lo que siempre ha sido ignorado. Porque vivir tan cerca del río no debería ser sinónimo de vivir con sed y escasez.