Raíces y significado de la flagelación en Santo Tomás.
En una Italia devastada por el hambre y la peste, surgen en Perugia los primeros grupos que se azotan públicamente para expiar pecados colectivos.
El movimiento se extiende a Austria y Alemania con procesiones de hasta 10.000 personas que recorren ciudades flagelándose hasta sangrar.
La Peste Negra, que mató a un tercio de Europa, dispara el número de flagelantes. Creían que el sufrimiento físico autoinfligido purificaba los pecados que causaban la epidemia.
El papa Clemente VI los declara herejes con la bula "Inter sollicitudines" (1349). El Concilio de Constanza les da la condena absoluta en 1418, aunque grupos ortodoxos persisten en Italia y Francia.
Con el inicio de la evangelización española, dominicos, franciscanos y jesuitas introducen la autoflagelación como práctica de penitencia. Llega primero a México y Nicaragua, luego a Suramérica.
La orden agustina administra la Diócesis de Cartagena e introduce las mandas en municipios del Atlántico como Malambo, Tubará y Usiacurí.
El sacerdote agustino Sebastián Balocco llega a Santo Tomás e implanta la flagelación en Semana Santa. Los primeros en flagelarse habrían sido Tomás Berrío y Tomás Manotas. Desde entonces la procesión no ha parado.
La Diócesis de Barranquilla prohíbe los flagelantes y suspende actos religiosos por 7 años. Esto dispara su popularidad. Hoy más de 20.000 visitantes llegan cada Viernes Santo a la Calle de la Amargura.

La disciplina es el nombre del látigo utilizado por los flagelantes, las bolas que cuelgan al final de él llevan el mismo nombre y están hechas de cera.

Dentro del cristianismo, las mortificaciones son prácticas encaminadas a corregir y renunciar a partes del modo de ser de una persona para acercarse a Dios.

La ascesis es la búsqueda de la perfección espiritual, muchas veces a través de las mortificaciones.

La manda es una promesa hecha a Dios o a un santo a cambio de un favor. Cumplirla implica pagar el intercambio, usualmente a través de mortificaciones.