La devoción llevada al límite físico en Santo Tomás: El rito, la carne y la redención.
Secciones de Sacrificio

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Por: Nicolás González
Caminar por la vía de la ciénaga en Santo Tomás un Viernes Santo es entender que aquí la fe no se reza, se suda. El aire es pesado, el calor sofoca y el silencio solo se rompe por un sonido seco que se queda grabado en la memoria: el golpe del látigo contra la espalda. No es un espectáculo para cualquiera, pero para quienes están allí, es el lenguaje crudo con el que hablan con su divinidad.
En medio del camino, bajo un sol inclemente, avanza un hombre cubierto de pies a cabeza con una túnica blanca. A pesar del polvo y el esfuerzo físico evidente, mantiene una dignidad que impresiona a los presentes. Al hablar con él entre sus descansos, su voz revela una mezcla de cansancio extremo y una paz inexplicable. Confiesa que su motivación es pura penitencia; no es un acto impulsivo, sino un compromiso que cumple cada dos años. Para este hombre, el dolor de las heridas abiertas parece ser lo de menos cuando lo que está en juego es una promesa que solo él y su fe conocen.
Sin embargo, el camino de la Santa Cruz no está pavimentado únicamente con devoción. Mientras el equipo de producción seguía el rastro del penitente, la tensión en el ambiente se hacía evidente. No todos los que observan lo hacen con respeto o fe. Entre la multitud, las voces de rechazo se escuchan con claridad: "No estoy de acuerdo con esto", comentan algunos espectadores, quienes ven en la flagelación una práctica dolorosa que debería pertenecer al pasado.
Esa fractura entre la tradición ancestral de los abuelos y la sensibilidad moderna es lo que define hoy a Santo Tomás. Al final de la jornada, cuando el flagelante se retira a sanar sus heridas en la intimidad, queda en el aire una pregunta que el pueblo aún no resuelve: ¿Hasta dónde llega el límite entre la cultura y el sacrificio personal? Lo que es seguro es que, mientras existan promesas por pagar, el látigo seguirá sonando sobre el polvo de la ciénaga.

El Paso del Penitente
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