Fácilmente podría ser la novela colombiana más reconocida a nivel mundial y una de las producciones con mayor rating en el ámbito nacional. En 2010, obtuvo el Guinness Récord como la telenovela más exitosa del mundo y ha sido traducida a alrededor de 25 idiomas y adaptada por lo menos en 28 países, convirtiéndose en la producción con más adaptaciones en la historia. A nivel nacional, según Noticias Zoom, el episodio donde Don Armando besa a Betty fue visto por más de 7 millones de personas simultáneamente en el momento de su transmisión. Esto, para entender la magnitud, equivaldría a casi seis veces la población de Barranquilla. La telenovela tuvo su primera emisión el 25 de octubre de 1999 y finalizó el 8 de mayo de 2001. Casi 20 años después de su estreno, la plataforma Netflix decidió tener a ‘Betty, la fea’ dentro de su catálogo y desde entonces no ha dejado de ser tendencia. Justamente esa vigencia ha sido clave para su éxito, porque las conclusiones dejadas en esa época no son las mismas inferidas por los ojos de quien la observa actualmente.
“Betty, la fea” rompió con el esquema argumentativo clásico de la época con un cambio radical en los paradigmas dominantes. La protagonista estaba lejos de los cánones tradicionales de belleza y la trama de la telenovela mostraba una sociedad machista, homofóbica y repleta de estereotipos. En ese momento, la producción era una crítica a la realidad y los comportamientos de la sociedad. Algo que no se veía en el resto de novelas. Hoy, en tiempos de feminismo, retransmitirla se puede interpretar como una mirada al pasado para entender lo que ocurría a comienzos de siglo y ver cómo, 20 años después, el empoderamiento y reivindicación de la mujer ha sido una de las grandes victorias de la sociedad y, sobre todo, de las mismas mujeres, aunque falte mucho camino por recorrer. Es así, desde estos ojos, que se debe mirar actualmente la novela colombiana; como una producción crítica e innovadora en su época y como un recuerdo de lo que fuimos, pero ya no somos.
Sin embargo, ‘Betty, la fea’ no solo representó una crítica al machismo, el clasismo y la homofobia, sino que también fue tocando conceptos que ahora mismo se alinean a los planteamientos feministas. Es por esto que personas como Jorge Enrique Abello creen que la telenovela propuso una conversación que sigue vigente.
Que su protagonista fuera de los estereotipos de belleza y con ‘desventajas’ laborales por ser ‘fea’, demostrara con el tiempo que con su inteligencia y dedicación era la indicada para la presidencia de Ecomoda fue un claro ejemplo del empoderamiento de la mujer. Un concepto que para ese entonces no estaba en auge. Asimismo, siguiendo este camino de premisas feministas que deja la serie, encontramos la unión de las mujeres para fortalecerse y apoyarse entre ellas. El cuartel de las feas, integrado por las mujeres que la mayoría de la empresa consideraba poco atractivas, muchas veces se opuso al machismo representado por Don Armando. Estos pequeños rasgos inevitablemente van ligados al cambio de paradigmas y la mirada crítica que tuvo la telenovela en su momento.
‘Betty, la fea’ estaba adelantada para su época. El manejo implícito de conceptos ligados a lo que hoy llamamos feminismo, la crítica a una sociedad machista, homofóbica y clasista en un momento donde esto era cotidiano y el rompimiento de los paradigmas dominantes en las narrativas hacen que la telenovela colombiana siga siendo vista alrededor del mundo. Muchas son las series, por ejemplo las que tocan el tema del narcotráfico, que sus premisas son criticadas años después por los mismos espectadores que la vieron en el momento de su lanzamiento. Pero este no es el caso. Tener la capacidad argumentativa, desde su trama, para dejar al espectador conclusiones positivas veinte años atrás y en la actualidad es la razón por la que ‘Betty, la fea’ sigue vigente. Y para entender su importancia y vigencia debemos verla, ya lo dije al comienzo, desde estos ojos; como una producción crítica e innovadora en su época y como un recuerdo de lo que fuimos, pero ya no somos. La mirada es la clave.
