Oigan, solo basta con entrar a Twitter un par de minutos para entender la cultura de la cancelación y corroborar que en la actualidad, muchas series, películas, novelas y ,en general, productos audiovisuales, han sido criticados, vistos con lupa e incluso, en algunas ocasiones, satanizados por una mirada moderna, feminista y más diversa de la sociedad actual. Me encanta esta nueva audiencia mucho más crítica y despierta, pero desde que decidí exponerme un poco más en redes sociales, me da pánico pensar en que algún día me podrían cancelar a mí
Esta nueva mirada ha dejado al descubierto producciones llenas de misoginia, sexismo, homofobia y transfobia que se transmitían (y transmiten) libremente por cadenas televisivas nacionales e, incluso, internacionales.
Y aquí hay dos cosas que realmente me preocuparían si pudiera viajar en el tiempo y ver las novelas de algunas décadas atrás, justo en su época de lanzamiento. Por una parte, siento que me quedaría frío al ver que muchas de estas historias perpetuaban un imaginario erróneo y lleno de prejuicios sobre comunidades históricamente vulneradas, como la LGTBQ+, los indígenas y las mujeres. Por otro lado, estaría aterrado de cómo estas historias eran pasadas por alto y consumidas sin filtro alguno. Pero bueno… no los juzgo, a lo mejor yo en ese entonces hubiese también tragado entero.
Debo admitir que no he visto todos los capítulos de Yo soy Betty, la fea, son demasiados; pero la mirada de la audiencia ha vuelto a ella y sus contenidos debido a su retransmisión por canales nacionales y su entrada a plataformas mundialmente famosas como Netflix.
Florence Thomas se unió a la conversación sobre esta telenovela, relatando en una columna de opinión de El Tiempo su apreciación sobre este tema. “Con mi mirada feminista, encontraba muchos estereotipos de género muy caducos. (…) Es simplemente aberrante (…) Por supuesto, mi deseo sería que la plataforma de entretenimiento Netflix retirara esta producción.” y a pesar de estar de acuerdo con algunos puntos de esta columnista, hay que hacer memoria y recordar que esta producción se estrenó el 25 de octubre de 1999 y finalizó el 8 de mayo de 2001 y a pesar de que ha pasado más de una década, parece que el mundo no ha cambiado mucho desde entonces y que las situaciones que narraba Fernando Gaitán en ese momento siguen siendo vigentes y retratando casi con exactitud los más oscuros males que poseemos como sociedad actualmente. De verdad que nuestra amiga Betty puede seguir, actualmente, haciéndonos pensar y repensar sobre cómo funciona la industria de la moda y sobre la disfuncionalidad de nuestra sociedad.
Seamos claros, suprimir de la televisión y de plataformas digitales estas narrativas como Yo soy Betty, la fea es extremista, opresor e incluso se caería en algo de censura. Negar la historia y eliminar estas novelas es quitarle el privilegio a la sociedad actual de poder mirar con ojos más críticos estas narrativas, que si bien no están libres de estereotipos y de tintes machistas, elitistas y misóginos, sí fueron primarios en poner a la mujer en posiciones y cargos de poder, en incluir personajes abiertamente homosexuales dentro del reparto de una telenovela, se atrevieron a hablar acerca de las dinámicas y atropellos realizados por las empresas privadas en el sector de la moda colombiana y rompieron un sinnúmero de estereotipos que antes reinaban en la televisión nacional. Así mismo, soy fiel creyente que estas producciones sí han firmado un gran y poderoso precedente para productos audiovisuales siguientes que, sin lugar a dudas, sí deberían apuntar a historias más diversas sin caer en el gran error de la caricaturizar personajes homosexuales, inferiorizar la figura de la mujer, fortalecer roles de género o promover la xenofobia y el racismo.
Betty nos sigue enseñando lo tormentoso que puede llegar a ser el camino de la vida si continuamos confiando nuestro destino a los estándares inalcanzables de belleza, si seguimos agarrados a los obsoletos roles de género, si dejamos de hacer las cosas que nos apasionan solo por el qué dirán y nos demuestra después de casi 22 años lo difícil que es ser mujer en un mundo hecho y gobernado por hombres y para hombres.
