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El Mapa de la Precariedad

En las calles de Riohacha, Sincelejo o Cartagena, miles de mujeres salen de sus casas antes del amanecer para sostener los hogares de otros. Sin embargo, detrás de la limpieza, la cocina y el cuidado, se esconde una realidad estadística alarmante: el trabajo doméstico en la región Caribe colombiana es uno de los sectores más vulnerables y desprotegidos del mercado laboral. El 80% de las trabajadoras del hogar en el Caribe operan bajo la sombra de la informalidad.

A pesar de que Colombia ratificó el Convenio 189 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), que busca garantizar condiciones dignas para este gremio, y de los avances en materia de legislación en el Congreso, las cifras aún demuestran que las leyes no llegan a las puertas de las casas.

El Caribe es uno de los epicentros de la informalidad en el país. La región no solo enfrenta retos climáticos y sociales, sino que lidera los índices de informalidad. Mientras el promedio nacional ronda el 55.8%, ciudades como Sincelejo y Riohacha superan ampliamente esta cifra, dejando a la mayoría de su fuerza laboral sin un contrato que respalde su labor.

Visualización · Informalidad por ciudad

Informalidad laboral por ciudad — Región Caribe colombiana

En este gráfico se observa cómo ciudades como Sincelejo (68.2%) y Riohacha (62.4%) presentan los niveles más críticos de desprotección laboral en la región. Esta falta de formalización no es solo un trámite administrativo; es la barrera que impide que las mujeres que nos cuidan no puedan acceder a una pensión o a un permiso de salud cuando más lo necesitan.

El muro de la seguridad social

La precariedad se manifiesta con mayor crudeza al analizar el acceso a las prestaciones sociales. Según los datos procesados por el Observatorio Betsabé Espinal, la brecha entre el trabajo realizado y los derechos garantizados es un abismo. Aproximadamente solo 1 de cada 10 trabajadoras del hogar en el país realizan cotizaciones a pensión, lo que anticipa una vejez en condiciones de pobreza para miles de mujeres.

Visualización · Acceso a prestaciones sociales

Acceso a prestaciones sociales — trabajadoras del hogar en Colombia

Al mismo tiempo, la situación sigue siendo grave en otros ámbitos de la seguridad social. Solo una cuarta parte de estas mujeres tiene acceso a los servicios de salud a través del régimen contributivo; a un tercio se les paga la prima de servicios; y a poco más de una décima parte se les reconocen las cesantías.

El panorama se torna aún más complejo al analizar el ingreso mensual. En 2024, el salario mínimo en Colombia se fijó en $1.300.000, pero la realidad del DANE refleja que el ingreso promedio de una trabajadora doméstica apenas alcanza los $901.647. Esta cifra no solo está por debajo del mínimo legal, sino que suele ser inferior a la que perciben los hombres que realizan labores similares.

Visualización · Ingresos y brecha salarial

Ingresos promedio vs. salario mínimo — sector doméstico

La invisibilidad de este trabajo, considerado históricamente como una "ayuda" y no como un empleo formal, perpetúa un ciclo de pobreza. Sin inspecciones laborales efectivas dentro de los hogares y sin una cultura de formalización por parte de los empleadores, el mapa de la precariedad seguirá extendiéndose.

Cada porcentaje en estas tablas representa a una mujer con una historia, una familia y un derecho vulnerado.

Los datos son claros: el trabajo doméstico en el Caribe y en todo el país es un motor económico que funciona sin seguro, sin ahorros para la vejez y, a menudo, sin el reconocimiento legal mínimo. La pregunta que queda para la sociedad y las autoridades es: ¿hasta cuándo el cuidado de la vida seguirá siendo el trabajo menos cuidado por la ley?

Por: Isaac Madrid Alcalá