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Marta, trabajadora del hogar
Foto: Marta, trabajadora del hogar

Cocina · Crónica

Las necesidades invisibles de las trabajadoras del hogar en Colombia

En muchas casas de Colombia, el día empieza antes de que salga el sol para miles de mujeres que sostienen hogares que no son los suyos. Cocinan, limpian, cuidan niños y adultos mayores, pero sus propias necesidades laborales siguen siendo ignoradas o minimizadas. Las trabajadoras del hogar, históricamente invisibilizadas, enfrentan hoy múltiples desafíos que evidencian una deuda social aún pendiente.

El trabajo doméstico es una de las labores más importantes dentro de la sociedad, pero también una de las más precarizadas. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la mayoría de personas que ejercen este oficio en Colombia son mujeres, muchas de ellas en condiciones de informalidad laboral.

Esto significa que no siempre cuentan con prestaciones sociales, seguridad en salud o pensión, a pesar de que la ley colombiana establece estos derechos. La falta de contratos formales sigue siendo una de las principales problemáticas. María, trabajadora del hogar en Barranquilla desde hace más de 20 años, cuenta que en varios de sus empleos no ha tenido acceso a seguridad social.

"Uno hace de todo: cocina, lava, cuida niños… pero a veces ni siquiera le pagan lo justo o le dan descanso."

En Colombia, la legislación reconoce los derechos de las trabajadoras domésticas. La Ley 1788 de 2016 estableció el derecho a la prima de servicios para este sector, un avance importante en términos de equidad laboral. Sin embargo, el Ministerio del Trabajo de Colombia ha señalado que aún hay un alto nivel de incumplimiento, especialmente en empleos informales.

A partir de testimonios y datos recopilados, se pueden identificar algunas de las principales necesidades de las trabajadoras del hogar:

  • Formalización laboral: acceso a contratos legales y estabilidad.
  • Seguridad social: afiliación a salud, pensión y riesgos laborales.
  • Salarios justos: pagos acordes a las horas y funciones realizadas.
  • Respeto y dignidad: mejores condiciones humanas y trato adecuado.
  • Capacitación: oportunidades de formación para mejorar sus condiciones laborales.

Expertos coinciden en que mejorar las condiciones de las trabajadoras del hogar no solo depende del Estado, sino también de la conciencia de los empleadores. Formalizar el trabajo doméstico es un paso clave para reducir la desigualdad y dignificar esta labor.

Como sociedad, reconocer el valor de este trabajo implica ir más allá del agradecimiento: significa garantizar derechos.

Por: Juan Mario Guzmán