Doña María

Por: Yajeithxy Padilla

Barrio San Antonio Soledad
Barrio San Antonio, Soledad

A las cuatro de la mañana, cuando aún el sol no acaricia las ventanas del barrio San Antonio en Soledad, la señora María ya está de pie. Con sus 54 años a cuestas y el rostro marcado por la vida no por el cansancio, sino por la resistencia y el esfuerzo comienza otro día en su lucha por dignificar la vida en uno de los sectores más olvidados del municipio.

Afuera, las bolsas de basura y reciclaje se amontonan en las esquinas como si el barrio fuera un vertedero sin nombre. Pero para doña María, ese rincón del mundo no es un basurero, es su casa. “El hecho de que vivamos aquí no significa que no tengamos derechos”, dice con voz serena pero firme, mientras barre frente a la pequeña sede de la Junta de Acción Comunal, donde se reúne con otros líderespara gestionar mejoras. Ella hace parte de la junta desde hace años y se ha ganado el respeto de quienes antes solo la miraban como una madre más, como una voz más en el viento hoy la miran como ejemplo y voz de aliento.

Pero no es solo una voz. Es acción. Desde hace más de nueve años integra un sindicato que lucha por los derechos laborales de trabajadoras como ella, esas que sin contrato ni seguridad social limpian, cocinan y educan a fuerza de amor. Porque si hay algo que define a la señora María es eso: la convicción de que la educación y la civilización —como le gusta decir— son la única vía para que los niños del barrio no repitan la historia de pobreza, abandono, lástima y violencia que algunos quieren reflejar o como desde afuera lo ven.

La suya es una historia de amor herido. Hace unos años, perdió a su único hijo, que hoy tendría 29 años, víctima de sus propias decisiones y de un entorno que no ofrecía segundas oportunidades en lo absoluto. “A veces uno cría con mucho amor y sacrificios, pero el mundo te arrebata lo que más quieres”, dice sin lágrimas, porque ya las lloró todas. Desde entonces, se ha volcado aún más a los hijos de los demás: los niños y jóvenes que rondan las calles con hambre de algo más que pan, queriendo brindarles eso que le quedó faltando por brindarle a su hijo, de eso que está segura que va a servir para hacer el cambio.

En el barrio la ven hablar con recicladores, esos que remueven la basura antes de que el camión de aseo —si pasa— se la lleve. Les da agua, a veces comida, y sobre todo, respeto. “Ellos también cuidan el medio ambiente, aunque nadie los vea”, dice mientras los defiende en reuniones comunitarias donde insiste en que el reciclaje debe ser una causa compartida, no una condena, no algo burlado ni señalado o incluso “un trabajo poco digno” como muchos lo ven.

Vivienda de la Sra María
Vivienda de la Sra María

María es parte del 84% de mujeres en Colombia que han sido madres solteras y han sacado a sus hijos adelante, pero ella no se define por la ausencia del padre, sino por su presencia constante como madre, como guía y como ejemplo. Su lucha no es solo por mejoras o reconocimientos propios, también es ambiental: quiere que el “basurero San Antonio” deje de ser llamado así. Sueña con calles limpias, con zonas verdes, con murales que cuenten otras historias distintas al abandono. Porque, para ella, la basura no es el barrio: es la indiferencia de los que no lo miran desde afuera.

Con cada reunión, cada carta al alcalde, cada actividad con los niños, la señora María planta una semilla. Una que quizá ella no vea florecer, pero que seguro germinará en las generaciones que hoy la miran como una heroína silenciosa. Y aunque el sol caiga con fuerza al mediodía sobre el polvo y el plástico del barrio que es la forma en la que muchos de sus habitantes recicladores tienen para salir adelante , su sombra nunca se cansa. Porque María no lucha para ser vista, sino para que su barrio sea visto con dignidad y que puedan verlo como un lugar que puede ser recuperado, que no solo sea esa huella invisible para todos.

María habla desde sus 54 años de edad y experiencia, haciendo referencia a que el cambio comienza desde adentro, por eso esas labores de campañas y búsquedas de mejora, también así refirió que San Antonio es un barrio rico en ser, cerrando con la frase “acá donde quizás las personas nos llaman basurero están quienes muchas veces hacen la labor que no se hace en la ciudad, reciclar y valorar”.

El seguir luchando aún después de tantos altos y bajos, para la Sra María cada que ve una nueva campaña o un avance lo considera un logro personal, el EDUMAS, empresa de desarrollo y medio ambiente de Soledad ha llevado a cabo muchas campañas en las que ahora la tienen en cuenta como una vocera firme de su Barrio, una de ellas es la Campaña “Yo quiero Soledad limpia”:

“Durante las fiestas patronales de 2024, Edumas lanzó la estrategia “Yo quiero Soledad limpia”, en colaboración con asociaciones de recicladores como Bio Green Loop y Asouniversal. La campaña promovió la separación de residuos en la fuente y logró recolectar 797 kilos de material aprovechable, especialmente botellas plásticas, que serán reutilizadas en el marco de la economía circular”.
Camapaña “yo quiero Soledad Limpia” imagen por Página EDUMAS.
Camapaña “yo quiero Soledad Limpia” imagen por Página EDUMAS.

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