Oficina · Datos
El concepto de «pobreza de tiempo» no aparece en los índices de desempleo ni informes tradicionales. No tiene cotización ni columna en el análisis nacional. Sin embargo, para más de 680.000 personas que ejercen el trabajo doméstico remunerado en Colombia —de las cuales el 93% son mujeres— ese concepto es la descripción más precisa de su vida cotidiana.
Las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) revelan una tendencia estructural: las mujeres colombianas trabajan más horas que los hombres en términos globales, pero gran parte de ese trabajo es invisible para la economía oficial. Según la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado (CSEC) del DANE —creada en cumplimiento de la Ley 1413 de 2010— durante el periodo 2022 provisional–2023 provisional, las mujeres aportaron 54.902 millones de horas anuales al trabajo total, frente a los 41.245 millones de los hombres. Es decir, las mujeres trabajaron 1,3 veces más tiempo que los hombres ese año. Y una proporción aplastante de esa diferencia se explica por algo que no figura en ninguna nómina.
Visualización · Distribución de horas de trabajo
Horas de trabajo remunerado vs. no remunerado — mujeres y hombres en Colombia · DANE
Del total de horas trabajadas por las mujeres en Colombia, el 65% corresponde a Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado (TDCNR) —labores como cocinar, limpiar, cuidar a menores o adultos mayores— y solo el 35% restante corresponde a trabajo remunerado. Para los hombres, la proporción es casi exactamente la inversa: el 76,5% de su tiempo corresponde a trabajo remunerado y apenas el 23,5% al cuidado no remunerado.
Para las trabajadoras del hogar, esta doble carga se convierte en una triple jornada: la jornada en el hogar ajeno, el desplazamiento, y su jornada en el propio hogar.
Este desequilibrio de tiempo no ocurre en un vacío: sucede dentro de un sector laboral con características específicas. Según datos del DANE citados por la OIT, el trabajo doméstico remunerado es ejercido por más de 680.000 personas en Colombia, de las cuales un 93% son mujeres y un 82% lo hacen desde la informalidad, sin acceso a la protección social, y con mayor exposición a violencia y acoso. Además, el 62% de las trabajadoras domésticas reciben un salario mínimo o menos, y solo el 20% están afiliadas a salud y pensión.
Visualización · Tiempo de cuidado diario
Horas diarias dedicadas al cuidado no remunerado — DANE, Encuesta Nacional de Uso del Tiempo
La situación no aparece como una anomalía pasajera, sino como el resultado de patrones persistentes en el mercado laboral. De acuerdo con la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE, el trabajo doméstico remunerado continúa siendo uno de los sectores con menores niveles de formalización y estabilidad contractual. La mayoría de las trabajadoras del hogar tienen vínculos laborales verbales o informales, lo que dificulta la exigibilidad de derechos como vacaciones pagadas, primas o indemnizaciones.
A esta fragilidad estructural se suma la distribución desigual del tiempo fuera del empleo. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, las mujeres en Colombia dedican en promedio más del doble de horas que los hombres al trabajo de cuidado no remunerado, incluso cuando participan en el mercado laboral. Los hombres dedican en promedio unas 3 horas diarias al trabajo no remunerado; las mujeres, 7 horas y media.
En el caso de las trabajadoras del hogar, esto implica que, tras completar su jornada remunerada, continúan asumiendo responsabilidades similares en sus propios hogares, sin descanso efectivo. El tiempo libre se reduce a una fracción mínima o inexistente. La mayoría de las mujeres que desempeñan este rol suelen cuidar a otros más que a los suyos y a ellas mismas.
Finalmente, la pobreza de tiempo no solo limita el descanso, sino que restringe las trayectorias de vida.
La imposibilidad de acceder a educación continua, capacitarse o buscar mejores oportunidades laborales perpetúa un ciclo de desigualdad difícil de romper. Las cifras del DANE evidencian que una proporción significativa de trabajadoras del hogar tiene niveles educativos bajos o incompletos, lo que reduce su movilidad ocupacional. Así, el tiempo —lejos de ser un recurso neutral— se convierte en uno de los principales factores de exclusión social en este sector económico que sostiene a la sociedad.