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Por: Merys Acuña, Martha Briceño ,Luisa Silva , Valentina Suárez ,Victoria Torres

En el cine, no siempre lo más producido es lo más querido. Este análisis de datos sobre la recepción de distintos géneros cinematográficos —principalmente comedias, dramas y romances— revela una brecha entre la valoración del público y la de la crítica especializada. El estudio se realizó a partir de una base de datos que compara las puntuaciones del Audience Score (otorgadas por los espectadores) con las de Rotten Tomatoes (evaluaciones de la crítica), tomando en cuenta un total de 100 películas.

El análisis estadístico realizado sobre la base de datos revela diferencias notables entre la valoración del público y la de la crítica. En promedio, el Audience Score alcanza un 64%, con una mediana igual al 64% y una moda del 47%. Por su parte, el porcentaje de Rotten Tomatoes presenta una media cercana al 47%, una mediana del 45%, una moda del 89% y valores extremos que oscilan entre un mínimo del 3% y un máximo del 96%. Estos resultados muestran que, en general, la audiencia tiende a calificar las películas más alto que la crítica, y que existen casos con discrepancias muy marcadas, donde una película puede ser duramente juzgada por los críticos, pero ampliamente aceptada por el público.

Al observar la relación entre géneros, producción y recepción, se aprecia que las comedias dominan la muestra con un total de 41 títulos, aunque paradójicamente son las que obtienen el promedio más bajo de Audience Score, con un 61%. En contraste, los dramas, con 20 títulos, reciben mejores valoraciones por parte de la crítica en Rotten Tomatoes, y los romances, pese a ser menos frecuentes, logran los mejores resultados en la audiencia, alcanzando un promedio de 84%. Esto sugiere que, aunque el mercado apuesta por la comedia como el género más rentable o accesible, las historias románticas generan una conexión emocional más fuerte con los espectadores.

De hecho, un estudio citado por The New York Times y retomado por YouGov (2023) confirma que las comedias románticas son uno de los géneros donde existe mayor desconexión entre críticos y público, ya que los espectadores suelen calificarlas mucho más positivamente que la prensa especializada.

En cuanto a las tendencias temporales, se identifica un aumento en las calificaciones promedio del público entre 2007 y 2009, mientras que las puntuaciones de Rotten Tomatoes se muestran más irregulares. El año 2007 destaca por tener críticas especialmente bajas, mientras que en el periodo de 2009 a 2010 se percibe un repunte en las valoraciones. Esta diferencia evidencia que la recepción de las películas sigue ciclos distintos entre audiencias y críticos, posiblemente influenciados por modas, contextos culturales o cambios en los estándares de producción cinematográfica.

Al comparar de forma directa las calificaciones, se observa que la mayoría de las películas presentan un Audience Score superior al porcentaje de Rotten Tomatoes, lo que demuestra una tendencia del público a valorar más positivamente las producciones que la crítica especializada. Sin embargo, existen algunos casos en los que ocurre lo contrario: películas con un puntaje crítico más alto que el de la audiencia. Estos casos atípicos resultan particularmente interesantes, ya que podrían explicarse por factores como el género, la reputación del director, la estrategia de marketing o el contexto de estreno.

En términos de interpretación, el análisis deja varias implicaciones relevantes. En primer lugar, la industria cinematográfica parece concentrar su producción en las comedias, pese a que estas no son las más exitosas en la recepción, lo que sugiere que las decisiones de producción obedecen más a criterios comerciales que a la satisfacción del público.

Además, la constante ventaja del público sobre la crítica pone de relieve una brecha de expectativas: lo que conmueve o entretiene al espectador no siempre cumple con los parámetros estéticos o narrativos valorados por los críticos. Por otro lado, los romances, al ser los mejor recibidos por la audiencia, representan un nicho potencialmente rentable que podría aprovecharse con mayor frecuencia y estrategias de promoción específicas.

Finalmente, desde una perspectiva de periodismo de datos, este análisis demuestra cómo, incluso con una muestra limitada de 100 películas, es posible identificar patrones que aportan información valiosa para productores, distribuidores y comunicadores interesados en comprender mejor la relación entre cine, crítica y público.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Nueva York, citado por StudyFinds (2022), confirma esta brecha al señalar que los críticos y las audiencias tienden a divergir ampliamente en sus evaluaciones: mientras los críticos priorizan aspectos técnicos y narrativos, los espectadores valoran la experiencia emocional o el entretenimiento (StudyFinds, 2022).

Como se ha demostrado, producir no es sinónimo de ser querido. Las comedias dominan la oferta, pero los romances convencen más a la audiencia. Detrás de esos números hay decisiones de industria, públicos con expectativas distintas y oportunidades para repensar la programación y las estrategias comerciales.

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Por:Luisa Silva

En el universo Disney, no siempre lo más reciente es lo más consumido. Este análisis de datos sobre las preferencias en Disney+ revela una brecha entre el "Disney viejo" (clásicos animados de 2000-2010) y el "Disney nuevo" (remakes live-action desde 2017), donde la nostalgia impulsa un consumo sostenido de los primeros sobre los segundos. El estudio se basa en encuestas de suscriptores, métricas de vistas y ratings, tomando en cuenta datos de más de 20 títulos clave en ambas eras.

El análisis estadístico de las preferencias en streaming muestra diferencias notables entre clásicos y remakes. En promedio, el 22% de los suscriptores menciona títulos como Mary Poppins o El Rey León (pre-2010) como favoritos, con una retención alta por repeticiones nostálgicas; en contraste, los remakes post-2017 acumulan vistas iniciales, pero caen un 30-50% en consumo sostenido, con una mediana de preferencia por debajo del 10%. Estos resultados indican que los clásicos generan lealtad intergeneracional, mientras los nuevos enfrentan fatiga cultural, con valores extremos donde remakes como Mulan (2020) pierden terreno frente a originales.

Al observar la relación entre eras, consumo y recepción, se aprecia que los clásicos de 2000-2010 dominan con títulos como Lilo & Stitch, pese a menos producción reciente, logrando el promedio más alto de menciones (22%). En contraste, los remakes, más frecuentes desde 2017, obtienen picos en taquilla inicial pero menor conexión emocional, con promedios de vistas repetidas un 40% inferiores. Esto sugiere que, aunque Disney apuesta por remakes como fórmula comercial, los clásicos mantienen un impacto cultural más fuerte por nostalgia millennial.

De hecho, un informe de Senal News (2025) confirma que los clásicos de décadas anteriores lideran el contenido más visto en Disney+, ya que los espectadores priorizan experiencias emocionales sobre novedades repetitivas.

En cuanto a las tendencias temporales, se identifica un pico en preferencias por clásicos desde el lanzamiento de Disney+ en 2019, con un aumento sostenido hasta 2025, mientras las vistas de remakes muestran irregularidades post-estreno. El periodo 2020-2022 destaca por caídas en remakes como Blancanieves, influido por contextos culturales y críticas mixtas. Esta diferencia evidencia que el consumo sigue ciclos nostálgicos distintos, posiblemente por cambios en estrategias de streaming y fatiga de remakes.

Al comparar directamente las métricas, la mayoría de los clásicos presentan preferencias superiores a los remakes, demostrando una tendencia del público a valorar la longevidad cultural sobre la novedad. Sin embargo, existen casos atípicos donde remakes como El Rey León (2019) superan iniciales, explicables por marketing masivo o hype temporal.

En términos de interpretación, el análisis deja varias implicaciones relevantes. En primer lugar, Disney concentra remakes pese a menor retención, sugiriendo decisiones comerciales sobre satisfacción sostenida.

Además, la ventaja de los clásicos resalta una brecha de expectativas: lo que entretiene por nostalgia no siempre se logra con live-action. Por otro lado, los títulos de 2000-2010 representan un nicho rentable para programación streaming.

Finalmente, desde una perspectiva de periodismo de datos, este análisis demuestra cómo, incluso con muestras de encuestas y vistas parciales, es posible identificar patrones valiosos para plataformas y productores interesados en equilibrar nostalgia con innovación.

Un estudio de Movieguide (2020), citado en análisis recientes, confirma esta brecha al señalar que suscriptores valoran clásicos por conexión emocional, mientras remakes priorizan taquilla efímera (Movieguide, 2020).

Como se ha demostrado, estrenar no es sinónimo de perdurar. Los clásicos dominan el streaming, pero los remakes generan picos fugaces. Detrás de esos números hay nostalgia, estrategias de industria y oportunidades para repensar el legado Disney.

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Alicia entre dos mundos

Por:Martha Briceño

A veces, los recuerdos más vívidos no provienen de una fotografía ni de un viaje, sino de una película que se proyecta en una pantalla que ya no existe. Para Catalina, esa pantalla fue la del televisor pequeño de su infancia, donde Alicia en el país de las maravillas desbordaba color, música y una lógica absurdamente perfecta. “Me gustaba el instrumental, la historia y la fotografía; se me hace hermosa”, recuerda. Y lo dice con la misma naturalidad con la que uno habla de un viejo amigo que jamás ha dejado de estar.

A veces, los recuerdos más vívidos no provienen de una fotografía ni de un viaje, sino de una película que se proyecta en una pantalla que ya no existe. Para Catalina, esa pantalla fue la del televisor pequeño de su infancia, donde Alicia en el país de las maravillas desbordaba color, música y una lógica absurdamente perfecta. “Me gustaba el instrumental, la historia y la fotografía; se me hace hermosa”, recuerda. Y lo dice con la misma naturalidad con la que uno habla de un viejo amigo que jamás ha dejado de estar.

Cuando llegó la adaptación en live action, sintió una mezcla de curiosidad y cautela. ¿Cómo trasladar el exceso expresivo de la animación, sus colores imposibles, su física sin reglas? “Considero que el color y la forma de animar ciertas cosas se pierden”, reflexiona. Y tiene razón. Hay una magia propia en lo caricaturesco, un encanto que solo funciona en ese territorio donde los personajes pueden estirarse sin romperse y los mundos se sostienen en leyes que solo entienden los soñadores. Sin embargo, también admite otra verdad: lo real puede tener su propia magia. Lo tangible, lo corpóreo, lo que puede sentirse como posible, ofrece una belleza distinta.

A diferencia de quienes ven en estas adaptaciones un intento forzado por actualizar lo que nunca necesitó actualización, ella percibió naturalidad en los cambios. “Los cambios se ven orgánicos”, asegura, sin dudas. De hecho, se permite una confesión que sorprendería a cualquier purista del cine animado: le gustó más la versión live action. Le gustó su estética, su tono, su reinterpretación. Allí, en esos matices más oscuros y complejos, encontró una profundización inesperada de la historia que la acompañó desde niña.

Lejos de desmitificar su amor por el original, la adaptación lo potenció. La llevó a revisitar la primera película, a compararlas, a descubrir matices que antes le pasaron inadvertidos. Como si la versión más nueva más adulta, más imperfecta, más real hubiera iluminado rincones que su yo infantil no había logrado ver.

Sin embargo, cuando piensa en la historia desde los ojos de un niño, su decisión es clara. Si tuviera que recomendar una versión para quienes están descubriendo el mundo ese mundo donde aún es posible creer en gatos que desaparecen o en relojes que corren sin sentido elegiría la animada. “El live action puede ser un poco aterrador”, admite. Y no lo dice como crítica, sino como advertencia cariñosa. Un niño no piensa en la fotografía, ni en las actuaciones, ni en el diseño sonoro; un niño vive de colores, formas, exageraciones. Vive en la lógica misma del dibujo animado.

Al final, para Catalina, Alicia es un puente entre dos mundos: el de la imaginación desbordada de la infancia y el de la interpretación profunda de la adultez. Un puente que no reemplaza un extremo con el otro, sino que los une. Y mientras habla, uno entiende que su fascinación no es por una película, sino por la capacidad que tiene el cine en cualquier formato de regresar a los lugares en los que fuimos felices.Porque cada versión, animada o real, le recuerda algo que quizá nunca dejó de creer: que el país de las maravillas no está en la pantalla, sino en la mirada con la que uno decide entrar.

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Por:Martha Briceño

La música ha acompañado a la humanidad a lo largo de la historia, pero su formato ha cambiado de forma radical. Pasaron de las sinfonías interpretadas en salas de concierto a los rituales íntimos del vinilo, y ahora navegamos en la inmensidad de las plataformas digitales. Si bien la tecnología ha hecho la música más accesible que nunca, también ha transformado nuestra forma de apreciarla, convirtiendo el acto de escuchar en algo que se consume con la misma inmediatez con la que se descarga un archivo.

Quienes crecieron con el vinilo recuerdan el proceso como una ceremonia. Como lo describe el experto Renzo Rodríguez, "Había que preparar el equipo con el tocadiscos, limpiar el vinilo seleccionado, igualmente el casete". Era una experiencia táctil y deliberada. Si querías escuchar una canción en particular en un casete, "había que ir adelantando o retrocediendo la cinta hasta cuadrar dónde iniciaba la melodía, o con un lápiz se hacía ese trabajo manualmente", según Rodríguez. Este ritual físico creaba una conexión profunda y personal con la música, una conexión que las plataformas digitales rara vez pueden replicar. La selección de música era más personalizada y selecta, porque el espacio físico y el esfuerzo invertido fomentaban una escucha más atenta. En contraste, la experiencia de escuchar música hoy en día es instantánea y casi sin fricciones. Rodríguez lo resume al decir que "en la actualidad es más sencillo, diferente y con una gran variedad, sin ningún inconveniente, todo está en internet". Las plataformas de streaming como Spotify o Apple Music han democratizado el acceso a millones de canciones, permitiendo explorar géneros y artistas de todo el mundo con un simple clic. La accesibilidad es, sin duda, la mayor ventaja de esta era. Ya no se necesita un tocadiscos, ni una estantería llena de discos; basta con un teléfono y una conexión a internet para llevar una discoteca completa en el bolsillo.

No obstante, esta conveniencia también tiene su lado menos romántico. La inmediatez ha alterado nuestra relación con la música. En la vasta oferta digital, la atención se dispersa, y la escucha se vuelve pasiva y fragmentada. El consumo por playlist y por algoritmo ha reemplazado la curaduría personal y el descubrimiento intencional. La facilidad para saltar de una canción a otra, que Rodríguez menciona, puede llevar a una experiencia superficial, donde la música se consume como una distracción de fondo más que como una pieza de arte que se saborea.

Por otro lado, la tecnología digital también ha beneficiado a la industria musical de maneras significativas. La transición a formatos digitales ha reconfigurado el negocio de la música, y como destaca la empresa de producción musical Larrosa, "Lo que antes se grababa en vinilo y se distribuía físicamente hoy circula a través de plataformas digitales en tiempo real". Este cambio ha permitido una distribución global y un acceso sin precedentes, aunque también ha generado debates sobre la compensación a los artistas y los derechos de autor.

En última instancia, el debate entre el vinilo y las plataformas digitales no es una batalla de formatos, sino una reflexión sobre la forma en que consumimos cultura. Aunque el vinilo ha experimentado un nostálgico resurgimiento, la inmediatez y la accesibilidad de las plataformas digitales han ganado la partida. Sin embargo, no todo está perdido. La elección, como afirma Rodríguez, "seguimos teniendo esa opción, se puede elegir lo que se desea escuchar". El poder de decidir si queremos un consumo rápido y variado o una experiencia más selecta y ritualista sigue en nuestras manos. La verdadera pregunta es si, en la marea de la inmediatez, aún somos capaces de apreciar la música con la misma devoción con la que limpiábamos un vinilo.

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Por: Merys Acuña

Algunos tienen como herencia más valiosa joyas, tierras o fotografías; él heredó el gusto musical. Y ahora las transmite no con discos de vinilo ni casetes, sino en pequeñas memorias USB. El vallenato que lo acompañó toda su vida se convirtió en una herencia transmedia que sus hijos escuchan en celulares, parlantes y plataformas digitales. Aun cuando se encuentran lejos y quieren recordarlo, una canción de los Zuleta los transporta.

El vallenato es lo que más suena en las casas de su pueblo natal, Remolino, Magdalena. Arnulfo Borja Navarro, de 72 años, de estatura media y moreno. Como muchos en la región Caribe, se crio en un pueblo a orillas del río Magdalena, donde se escucha vallenato “grueso” o “de verdad”, como él lo llama recordando “al maestro” Enrique Diaz. Especialmente las canciones de los hermanos Zuleta. Son esas mismas las que suenan todos los días en su terraza, ahora en Soledad, Atlántico.

El “profe” como lo llaman es una persona seria y firme como los vallenatos de antes. No sonríe mucho como tantos hombres de su época, le interesa más verse como alguien confiable, respetado y con palabra.

Arnulfo después de trabajar más de 40 años como maestro de matemáticas. Hoy pensionado del magisterio, pasa el tiempo sentado con un sombrero en su mecedora de madera, en la terraza de su casa, junto a su parlante, y coleccionando USB, porque así clasifica mejor su música y conserva ese antiguo ritual de conectar algo al equipo de sonido para escucharlo, una costumbre que ha desaparecido con las nuevas tecnologías.

Lo que empezó como un hábito suyo terminó convirtiéndose en una marca familiar sus hijos aún escuchan esas canciones, aunque en otros formatos. Incluso sus nietos, cuando escuchan esas canciones que sus padres las ponen, recuerdan a su abuelo y se transportan a su terraza. Esa conexión familiar en la que se ha convertido el vallenato “de verdad”, trasciende fronteras ahora que una de sus hijas vive en Estados Unidos, la forma en como lo recuerda cuando lo extraña es colocando las canciones de vallenato que le gustan.

Sus hijos recuerdan cómo el señor Arnulfo ha sido siempre poco expresivo, pero encuentra en las canciones de los Zuleta como El hijo de Patillal, La pimientica, entre otras. La forma de demostrarles su cariño. Mientras las canta y los abraza, ellos entienden que su padre les dice que los quiere.

Una de sus hijas, Juana Borja, conserva ese gusto; incluso, entre sus canciones favoritas están El hijo de Patillal y Las cabañuelas, todas de los hermanos Zuleta. Alexandra Borja, su otra hija, también tiene entre sus preferidas Mi hermano y yo, de los mismos artistas. Para ella, el significado y el sentimiento trascienden. Al escuchar esas canciones, se transporta al calor del caribe y a los fuertes abrazos de su papá. “En este país donde nadie escucha esa música, los vallenatos se vuelven mi refugio y mi conexión con mi tierra”

La herencia transmedia no solo significa transmitir gustos musicales, se volvió un hilo invisible que mantiene a la familia unida, a través del tiempo y la distancia. Cada vez que suena un vallenato sobre todo uno de los Zuleta, no importa si están en Soledad, en Remolino o en otro país. Todos regresan, aunque sea por un instante, a la terraza de Arnulfo, donde empezó todo.

Por: Victoria Torres

A pleno sol del medio día en la ciudad de Barranquilla, el tráfico, los vendedores y el bullicio al pasar por las calles avisan la llegada a uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad el centro. Pasando por la calle 38 con carrera 43, donde todos se cruzan y pocos se detienen, está la esquina del marquetero: un rincón donde la memoria suena en vinilo y el tiempo parece girar al ritmo de la salsa.

En el primer piso se encuentran diferentes locales que ofrecen variedades de espejos, marcos y decoraciones para el hogar, pero el segundo piso es una demostración viva de las raíces musicales que marcaron la época de los 70 en nuestra ciudad. Al ritmo de Bobby Cruz almorzaban muchos de los trabajadores en cada restaurante, pero la música provenía nada más y nada menos que de el “Bembé de Alonso”.

Un lugar que no solo te recibe con buena música al entrar, sino que te envuelve al son de la época que deseas recordar con un clásico de la salsa puesto en tocadiscos por el señor Alonso. Quien lleva 22 años vendiendo discos de vinilos de diferentes ritmos musicales y quien es el encargado de la atención del local en la calle 38.

La vibrante energía del lugar y sus colores se ve en cada una de las paredes que además adorna con las diferentes caratulas de los discos o como él les llama “LP”. Entrar a su pequeño local en donde solamente guarda los éxitos de la salsa es como entrar a una biblioteca en este caso llena música en donde cada caratula cuenta una historia y tiene un recorrido hasta llegar a sonar para quienes aprecian y saben de buena música.

Hay varios estantes y entre tantos tiene CD, Casetes, parlantes, una mochila cubana y una mesa de madera larga en la que reposan sus dos preciados tocadiscos desde hace años y en los que aun suena la magia.

Más que un sustento: una vida hecha de Salsa y Memoria

Para él señor Alonso Jiménez la salsa no es simplemente música, él afirma que vende y colecciona arte. Como buen barranquillero creció rodeado de música desde pequeño y como si fuera poco nació en uno de los barrios más populares de la ciudad en donde los parlantes no descansan.

“Yo soy del 71 y desde niño en el barrio Rebolo escuchaba los picos en la cuadra y la gente tomando en la esquina feliz” mencionaba recordando aquellos tiempos sentado en una silla. Aunque, su interés por la música y la salsa llegó cuando él comenzó a vivir en el centro de Barranquilla y ya era un adolescente.

“Mi amor por la salsa empezó cuando transcurría el año 87 y tenía en ese entonces 16. Un amigo me llevó a que hiciera limpieza en un almacén de discos, porque aquí en Barraquilla eran muy populares estos almacenes. Así como tú ves ahora la cantidad de ópticas en el centro de Barranquilla, así fueron los almacenes de disco en su época” resaltaba él.

Desde niño le gustó el trabajo, tanto así que se amañó limpiando los discos, una labor muy importante en aquel entonces. Su jefe era estricto: “A él no le gustaba que le mostraran al cliente un LP y que el cliente tuviera que limpiarse las manos por el polvo y así aprendí a mantener y cuidar los discos de vinilo”, mencionaba don Alonso. Limpiando por secciones se fue enamorando de las caratulas.

El auge en ese entonces era la salsa. “Barranquilla es capital de la música, capital de la salsa, por aquí entraba mucha música. Acuérdate que tenemos un puerto y venía mucha gente de Estados Unidos con LP, además los picos impulsaron más este movimiento”, dijo mientras me mostraba uno de los primeros discos que la industria salsera a nivel internacional “Live at the Cheetah, Vol.1”.

En su lugar de trabajo lo enseñaron a poner discos también y varias de esas melodías quedaron guardadas en su memoria, con cantantes como Héctor Lavoe que empezaron a llamar su atención. Ayudas no faltaron, contaba el señor Alonso al recordar las enseñanzas de su amigo José Pacheco en aquel local.

“De ahí yo salté. Había una calle aquí en Barranquilla que en ese entonces era la calle musical de Barranquilla, que era la calle 31 entre 40 y 41. La llamaban la calle de picapica, porque ahí había varias papelerías llamadas así. Allí monté un kiosquito con mi compadre Mario Pérez”.

Al pasar dos años emprendió su propia marca y quiso comenzar desde cero pero con algo propio. Don Alonso salía a vender sus LP en las calles o a veces lo dejaban poner en lugares más seguros, hasta llegar al parqueadero de la calle 38 donde montó su kiosquito y los grandes coleccionistas venían a buscarlo.

“No fue fácil, pero el trabajo de vender música y en especial salsa siempre lo vi con amor porque era el que me daba el sustento para ayudar a mi mamá y a mi familia”, mencionó.

Un día, mientras Don Alonso trabajaba en el almacén de discos, su padre apareció. “Me dijo: tú sabes que yo compro música”. No sabía que su papá tenía una colección ni que compartían esa misma pasión. Desde aquel encuentro, los discos se volvieron un puente entre ambos.

Así comenzaron a verse más, a compartir tragos, conversaciones y canciones en lugares que aún conserva en la memoria: el Taboga, el Ipacarí y otros sitios viejos de salsa.

Los abrazos nunca más volvieron a faltar; la música marcó una conexión entre ellos más valiosa que hoy en día perdura.

“La música y la salsa para mí es mi vida y aquí en mi puesto solo quiero que encuentres ese pedacito de la tuya en la música, en lo que escucharon tus abuelos o en aquello que te hace feliz así sea coleccionándolos”, menciona el señor.

Ese día no solo recorrí la historia de la salsa en Barranquilla y sus discos. Con el señor Alonso entendí que cada vinilo es un pedazo de vida: guarda el eco de los que amaron, de los que bailaron y de los que aún creen en la música como refugio.

Más allá del trabajo, lo que suena en “El Bembé de Alonso” se comparte, se recuerda y se honra. En cada disco hay esfuerzo, identidad y ese amor que mantiene viva la historia de quienes siguen creyendo que la salsa nunca deja de girar.

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