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Por: Merys Acuña

Algunos tienen como herencia más valiosa joyas, tierras o fotografías; él heredó el gusto musical. Y ahora las transmite no con discos de vinilo ni casetes, sino en pequeñas memorias USB. El vallenato que lo acompañó toda su vida se convirtió en una herencia transmedia que sus hijos escuchan en celulares, parlantes y plataformas digitales. Aun cuando se encuentran lejos y quieren recordarlo, una canción de los Zuleta los transporta.

El vallenato es lo que más suena en las casas de su pueblo natal, Remolino, Magdalena. Arnulfo Borja Navarro, de 72 años, de estatura media y moreno. Como muchos en la región Caribe, se crio en un pueblo a orillas del río Magdalena, donde se escucha vallenato “grueso” o “de verdad”, como él lo llama recordando “al maestro” Enrique Diaz. Especialmente las canciones de los hermanos Zuleta. Son esas mismas las que suenan todos los días en su terraza, ahora en Soledad, Atlántico.

El “profe” como lo llaman es una persona seria y firme como los vallenatos de antes. No sonríe mucho como tantos hombres de su época, le interesa más verse como alguien confiable, respetado y con palabra.

Arnulfo después de trabajar más de 40 años como maestro de matemáticas. Hoy pensionado del magisterio, pasa el tiempo sentado con un sombrero en su mecedora de madera, en la terraza de su casa, junto a su parlante, y coleccionando USB, porque así clasifica mejor su música y conserva ese antiguo ritual de conectar algo al equipo de sonido para escucharlo, una costumbre que ha desaparecido con las nuevas tecnologías.

Lo que empezó como un hábito suyo terminó convirtiéndose en una marca familiar sus hijos aún escuchan esas canciones, aunque en otros formatos. Incluso sus nietos, cuando escuchan esas canciones que sus padres las ponen, recuerdan a su abuelo y se transportan a su terraza. Esa conexión familiar en la que se ha convertido el vallenato “de verdad”, trasciende fronteras ahora que una de sus hijas vive en Estados Unidos, la forma en como lo recuerda cuando lo extraña es colocando las canciones de vallenato que le gustan.

Sus hijos recuerdan cómo el señor Arnulfo ha sido siempre poco expresivo, pero encuentra en las canciones de los Zuleta como El hijo de Patillal, La pimientica, entre otras. La forma de demostrarles su cariño. Mientras las canta y los abraza, ellos entienden que su padre les dice que los quiere.

Una de sus hijas, Juana Borja, conserva ese gusto; incluso, entre sus canciones favoritas están El hijo de Patillal y Las cabañuelas, todas de los hermanos Zuleta. Alexandra Borja, su otra hija, también tiene entre sus preferidas Mi hermano y yo, de los mismos artistas. Para ella, el significado y el sentimiento trascienden. Al escuchar esas canciones, se transporta al calor del caribe y a los fuertes abrazos de su papá. “En este país donde nadie escucha esa música, los vallenatos se vuelven mi refugio y mi conexión con mi tierra”

La herencia transmedia no solo significa transmitir gustos musicales, se volvió un hilo invisible que mantiene a la familia unida, a través del tiempo y la distancia. Cada vez que suena un vallenato sobre todo uno de los Zuleta, no importa si están en Soledad, en Remolino o en otro país. Todos regresan, aunque sea por un instante, a la terraza de Arnulfo, donde empezó todo.